El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha defendido una visión de la paz arraigada en la experiencia humana y espiritual durante su intervención en la ponencia 'Profecías para la paz. Construir la paz con esperanza' organizada en la Universidad Complutense de Madrid dentro del ciclo Happening. En su alocución ante la comunidad universitaria que participa en la jornada, Argüello ha planteado que la paz no puede entenderse únicamente como ausencia de conflicto, sino como “un don, el saludo del Resucitado”, que remonta sus raíces en la tradición bíblica y en una experiencia de plenitud. En este sentido, subraya, que la paz auténtica “tiene que ver con la armonía y la plenitud”, pero también con la conciencia de su fragilidad en el mundo actual. Durante su intervención, el arzobispo de Valladolid ha insistido en la relación inseparable entre justicia y paz, una idea central en la Doctrina Social de la Iglesia. “La justicia hace posible la paz”, afirma, pero matizando que en la tradición cristiana, esta justicia “tiene una dimensión más radical”, vinculada a la experiencia de la justificación a través de Jesucristo. Argüello ha hecho alusión a las tensiones en el contexto internacional, marcado por conflictos armados y tensiones globales. “En las amenazas de la paz que vemos estos días, con bombas en muchos sitios, se nos recuerda que hay conflictos en decenas de lugares del mundo”. Sin embargo, Argüello va más allá de lo geopolítico, apuntando que existe una “herida original” en el ser humano: “Hay una falta de paz interior que tiene que ver con las luchas entre tú y yo, entre libertad y amor, entre dignidad y bien común”. En este punto, defiende que la reacción ante el sufrimiento ajeno nace de una doble experiencia: la angustia y la esperanza. “Hay mujeres y hombres que dan testimonio de que ante lo que pasa se les conmueven las entrañas”, ha precisado, destacando que esa conmoción no debe paralizar, sino impulsar una respuesta concreta sostenida por la esperanza. El presidente de la Conferencia Episcopal también ha advertido a su vez de los riesgos de una concepción individualista del ser humano. A su juicio, la modernidad ha generado “una toxina de tipo antropológica” al reducir a la persona a un “individuo autónomo y empoderado”. Este enfoque, afirma, puede convertirse en un obstáculo para la convivencia: “Si mi libertad acaba donde empieza la tuya, querré ampliar mi espacio, y esto lleva a un germen de violencia”. Frente a ello, propuso “recuperar el nosotros” como base de la paz. Argüello también ha centrado su reflexión en el perdón como elemento esencial para construir la paz. “El amor en la historia adquiere la forma dramática del perdón. Sin perdón el amor no se expresa con verdad”. Para el arzobispo de Valladolid la misericordia es “una síntesis de verdad, justicia y perdón”, alejándola de una mera compasión superficial. En este sentido, reconoce la dificultad de los procesos de reconciliación: “No vale pedir perdón y seguir pisándote el callo”, alerta, subrayando que se trata de caminos largos que requieren verdad. Asimismo, ha sostenido que sin esperanza, la alternativa es la imposición: “Si no se tiene esperanza lo más fácil es la ley de la fuerza”. Por ello, defiende que el perdón debe situarse en un horizonte más amplio de misericordia, “imprescindible para la convivencia”. Al final de su ponencia, el presidente del episcopado apela por no olvidar a quienes sufren la violencia: “Hay que tener el rostro de los hermanos que sufren las consecuencias de la falta trágica de paz” y, al mismo tiempo, “cultivar la esperanza” como motor para seguir construyéndola.