En la guerra robótica, digitalizada e impredecible de estos tiempos, una base aérea necesita ser capaz de neutralizar la señal electrónica que guía a los drones contra ella, compartir la información sobre amenazas con todos sus sistemas de armas y con otras bases aéreas, construir un techo antimisiles, hacerse inasequible a los cibertataques e intrusiones en sus comunicaciones, fabricar rápido piezas para mantenimiento de sus cazas sin tener que esperar a que lleguen los suministros, operar con combustibles de menor huella ecológica y logística…