Emerald Fennell ha puesto unas comillas a Cumbres borrascosas con la pretensión de que el truquito le preste legitimidad para despedazarla y muchísima gente se ha sentido afrentada en su nostalgia juvenil por el sacrilegio perpetrado contra la novela de Emily Brontë. Y aunque es cierto que la belleza sobrenatural de Margot Robbie ennoblece cualquier bodrio, la cinta semeja en todo lo demás una porquería más allá de la ídem gastronómica mezclada con sadismo de una directora que parece bastante trastornada.