En la entrega de los X Premios de la Asociación de Periodistas de las Islas Baleares (APIB), el periodista y escritor Álex Grijelmo dio una lección que va más allá de la profesión que compartimos. Su breve, pero contundente, reflexión debería extenderse, primero a la política, y después a todos los trabajos; también a la vida cotidiana. El problema es que su materialización demuestra humildad, y esta cualidad escasea. Con acierto y la pulcra expresión que le caracteriza, el impulsor del Libro de Estilo de El País dijo que los periodistas no se distinguen entre los que se equivocan y los que no, pero sí en cómo gestionan los errores: unos miran para otro lado y disimulan u ocultan sus fallos y otros los reconocen de inmediato, rectifican y piden disculpas. Y sólo con estos últimos podemos mantener la credibilidad.