Águila o sapo

Lo leí en algún artículo o lo escuché de un director espiritual en mi juventud. Lo cierto es que la frase del título vino a mi memoria al intentar hacer una reflexión cuaresmal sobre el comportamiento del ser humano. Ser águila significaba en aquel tiempo aspirar por las alturas y volar hacia arriba, movidos por una ferviente espiritualidad. Ser sapo significaba para nuestros formadores, arrastrarse por el suelo y hundirse en el fango de la cómoda mediocridad de una juventud egoísta que solo sabe mirar hacia abajo.