La izquierda se ha extinguido en Castilla y León y a nadie se le ocurre hacer el más mínimo ejercicio de autocrítica. Ni siquiera se plantean, con su chulería habitual, que deberían reflexionar y analizar al milímetro cada uno de sus pasos, palabras y gestos para descifrar dónde está el problema, por qué no conectan. Presentarte a unas elecciones y obtener menos del uno por ciento de los votos tendría que ser un motivo suficiente para encerrarte a investigar qué falla. Pues no. Las lerdas estas que dirigen ahora Podemos prefieren decir la primera chorrada que se les ocurre y culpar a otros -lo fácil, la salida pueril- de su fracaso. Incluso atribuyen el auge de Vox a los otros partidos, como si el electorado no fuera capaz por sí mismo de pensar y decidir a quién vota.