La Agencia Tributaria ha perfeccionado sus sistemas de vigilancia hasta convertirlos en una red de control casi imposible de eludir. Los inspectores de Hacienda no trabajan al azar: cada contribuyente tiene asignado un perfil de riesgo que se actualiza constantemente con información procedente de múltiples fuentes. Cuando ciertos patrones de comportamiento emergen en ese perfil, las alertas se activan automáticamente.