Audrey Pascual: «He aprendido a no hacerme pequeña, soy más fuerte de lo que pensaba»

Es la primera noche que Audrey Pascual (Madrid, 21 años) pasa en casa después de vivir unos días inolvidables: dos oros, una plata y un bronce en los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina 2026, un recibimiento en España que no se imaginaba y una experiencia inolvidable que ya tiene archivada en su colección personal. Se despierta y atiende de buena mañana y de buena gana a ABC, y habla de crecimiento personal, de gestión emocional, y de confesiones: las medallas están a buen recaudo, porque no se las quita; y ya está salivando para el momento en el que pueda comerse unas buenas croquetas de jamón. -¿Cómo está? ¿Ya aterrizando o todavía un poco en el aire? -Ya por fin en casa; esta es la primera noche que duermo aquí y soy un poco más consciente de todo lo que ha pasado en los Juegos y la experiencia. Allí no te das cuenta de lo que pasaba en España, solo de lo que te decían amigos y mi gente, pero no sabía que tendría tanta repercusión. -¿Cómo se ve el mundo con cuatro medallas? -Supercontenta, satisfecha de que todo haya salido bien. Estaba muy nerviosa, eran mis primeros Juegos. Y he estado entrenando mucho la parte técnica, pero sobre todo la mental. Los Juegos no es una competición cualquiera, aunque te lo digas y te intentes convencer. Y es verdad que las cosas te pueden salir bien o mal, y han salido bien, pero sobre todo estoy contenta de haber podido yo con los Juegos y no los Juegos conmigo. -¿Qué Audrey llegó a Milán Cortina y con qué plan y qué Audrey regresa? -Es algo que llevaba mucho tiempo preparando, con muchos meses fuera de casa, y con la ayuda de la psicóloga visualizando los momentos. Ahora miro atrás y veo que había entrenado para esto, y que ha salido, así que parece que no era tan difícil como mi cabeza me lo planteaba. Por eso digo que estoy muy contenta con las medallas, pero sobre todo de cómo lo he llevado, también fuera de las carreras, de haber sabido despejarme por las tardes y no estar pensando en la carrera todo el tiempo. -¿Se obsesionaba mucho, lo tiene que tener todo controlado para las carreras? -No me viene bien estar pensando demasiado en algo. Es verdad que la tarde antes me paso horas y horas viendo vídeos míos para recordar las sensaciones. Pero cuanto menos piense en la bajada, mejor me salen las cosas. Yo sé esquiar, así que solo tengo que centrarme en dos o tres cosas y el resto es fluir. -¿Se imaginaba todo lo demás: la repercusión, los mensajes, los actos de recibimiento...? -No, para nada. Este es un deporte minoritario; en España los Juegos de Invierno no tienen tanta repercusión y los paralímpicos aún menos. En el aeropuerto un señor me ha visto con las medallas, las llevo colgadas porque ya no me las quito, y me ha preguntado que qué había ganado. La gente no sabía que eran los Juegos Paralímpicos. Pero sí he recibido muchos mensajes por redes. Y hay que agradecer a los medios que cada vez tengamos más repercusión. -Habla del trabajo mental, ¿cómo se entrena saber y sobre todo creer que vas a ganar? -En algunos momentos la cabeza va muy rápido y es de lo que más he trabajado con la psicóloga. Primero, para concienciarme de que estaba ahí porque me lo había ganado, que nadie me había regalado nada. Y después, con todo lo que me llegaba de que era una de las principales bazas, que te cuelgan las medallas sin haber ganado nada todavía. Me daba vértigo. Si lo había hecho en las Copas del Mundo podía repetirlo en los Juegos. Ha sido un trabajo de centrarme en el rendimiento y no en las consecuencias, porque ahí la cabeza se vuelve loca. -Son dos oros, una plata, un bronce y una caída, ¿le dio rabia haber perdido esa oportunidad? -A veces las cosas salen y otras no. Sabía que quería ganar la carrera, y por eso me tiré al cien por cien, quería darlo todo, y no salió. Pero reflexionando después es lo que quería hacer. Si hubiese salido a un 70 % podría haber rascado una buena posición, pero quería ir a por el oro y sabía que tenía que arriesgar. Y no me arrepiento. -¿Qué ha aprendido y que le servirá para su vida también fuera del esquí? -A no hacerme pequeña. Pensaba que no podría con esta experiencia y he descubierto que soy más fuerte mentalmente de lo que pensaba. -Cuatro medallas en unos Juegos y también campeona del mundo de surf: ¿se siente más una surfera que esquía de maravilla o una esquiadora que doma las olas? -A mí me encantan los dos, no podría elegir. Me considero más una esquiadora que surfera porque llevo esquiando desde hace muchos años. -Pero lo del esquí no fue amor a primera vista, le costó un poco encontrarle el gusanillo, ¿no? -De pequeña era muy movida y me gustaba hacer las cosas yo sola. Y el primer día de esquí me llevaron en una silla con una barra detrás con un profesor demasiado pendiente de mí y me agobiaba. Ese día no me gustó, pero mis padres me insistieron en darle una segunda oportunidad, y me tocó otro monitor que me dejó esquiar más sola. Y cuando vi que podía ser totalmente independiente ya me enganché. Me encanta la velocidad. -Hace falta también unos padres valientes como los suyos. Porque se suele sobreproteger demasiado a los niños que tienen alguna discapacidad. -Muchas veces se piensa que los niños con discapacidad son más frágiles, pero no es verdad. Son niños. Yo nací sin piernas, pero lo que tengo de cuerpo está perfecto. Me puedo caer y hacer daño, pero como todos. Yo agradezco a mis padres que me dieran toda la libertad para probar cosas y ser yo la que decidiera si lo podía hacer sola o necesitaba algo de ayuda. Sin que sea un control constante. -¿Le han contado cómo han vivido ellos todo lo que ha hecho en los Juegos? -Están igual o más contentos que yo. Todos los entrenamientos y todos los días que estoy fuera de casa ellos también los viven. También han hecho sacrificios y muchos esfuerzos. Las medallas son suyas, de familia, entrenadores y amigos, porque todos han aportado lo suyo para que yo esté aquí. -¿Cree que sus logros ayudarán a que crezcan los apoyos y la normalización? -Me encantaría y sí que lo estoy viendo, empezamos a tener más visibilidad. Y cada vez que puedo intento animar a las niñas con discapacidad a que vean mi silla rosa y entiendan que se puede hacer lo que sueñes, que pueden hacer lo mismo que sus amigos, simplemente hay que buscar una adaptación, que no es ningún inconveniente ni una barrera. Y que busque lo que les guste, y si luego compiten, pues mucho mejor. -¿Es más fácil sortear las banderas del eslalon que las dificultades y prejuicios en el día a día? -Puede ser. A veces escucho algunos prejuicios que me digo 'no puede ser verdad que haya dicho eso'. Somos personas y todos somos distintos, pero podemos hacer lo mismo, solo que con algunas adaptaciones y eso parece que mucha gente todavía no lo entiende. No somos unos pobrecitos ni nada de eso. Tenemos un cuerpo de otra manera, pero ya está. -Usted está acostumbrada, pero cuente un poco su adaptación en el esquí: la silla que lleva. -La silla es una extensión de tu cuerpo. Tiene que ir muy justa a ti, como si fuera la bota de esquiar. Se hacen a medida para que coja perfectamente la forma de tu cuerpo. Yo llevo una cincha en cada muñón para sujetar y otra en la cadera. En el tronco superior no llevo nada. En mi caso, al ser amputada, lo que más se cansa son los abdominales y las lumbares porque cargan todo el peso. Y luego llevo los 'stabilos' (bastones estabilizadores) para mantener el equilibrio. Es un deporte que es difícil entrenar porque son movimientos que en tu vida diaria no haces. -¿Cómo es su jornada de entrenamiento? -Son muchos años de trabajo y sacrificio. Mis amigas de 21 años no tienen una vida ni parecida a la mía. Pero sé que esto es lo que quiero y merece la pena. Nos levantamos pronto para entrenar unas cuatro horas de nieve, y por las tardes voy al gimnasio para seguir la preparación. Y también hago mucho análisis de videocorrecciones para ver lo que se puede mejorar. Y a las ocho, a la cama. Al final, el día se pasa muy rápido. -Y con 150 días fuera de casa... -Sí, entre la temporada de invierno y la de Suramérica en verano para aprovechar más. En invierno estoy más acostumbrada a ir y volver a casa (vive en Granada), pero en verano mis amigas están en la playa y yo estoy acostándome a las ocho de la tarde porque a las seis de la mañana ya voy a entrenar. -¿Y cómo está su entrenador, Jaime Hernández? -Es el primer entrenador que tuve y ha sido un camino de subidas y bajadas y hemos llegado superlejos. Había gente que no confiaba en nuestra forma de entrenar, que me proponían entrar en diferentes grupos con más esquiadores, pero elegí seguir con él y con el apoyo de la Fundación También . Y aquí hemos llegado, a los Juegos. Supercontentos. -¿Y ya ha comido croquetas de jamón o no? -Qué va, todavía no. Sigo esperando. Comí croquetas en la recepción del Consejo Superior de Deportes, pero no eran de jamón, así que sigo salivando para cuando llegue el momento. -Estudia Comunicación Audiovisual, ¿cuál sería su meta en esta disciplina? -No tengo nada claro todavía. He tocado un poco de todos los medios y no sabría cuál elegir. Pero sí sé que algo ligado al deporte seguro, quizá periodismo deportivo. -Baja a unas velocidades supersónicas en la nieve. ¿Hay algo que haga lento? -Pues la verdad es que en mi vida cotidiana soy una persona muy lenta. Mis amigas me lo dicen, que soy muy calmada, tranquila, necesito mi tiempo para todo, para ducharme, para arreglarme, para comer: cuando todo el mundo ha terminado yo todavía estoy con el primer plato. Tiene bastante contraste mi vida, sí.