Durante décadas, la historia de la moda se escribió desde los nombres propios. Sobre todo masculinos. Pero en las casas de Cristóbal Balenciaga, tanto en España como en Francia, fueron miles de mujeres -modistas, aprendices, planchadoras, maniquís, probadoras y vendedoras- quienes, puntada a puntada, sostuvieron el prestigio de la Maison. El documental y la instalación 'Las manos que cosen', presentados en el festival internacional de cine y moda Moritz Feed Doc, recuperan ahora esa memoria invisible y la sitúan, por fin, en el centro del relato.