La reciente subida de los carburantes, agravada por la incertidumbre económica, ha provocado un cambio drástico en el comportamiento de los consumidores. Según Álvaro García, de la gasolinera Las Canteras, tras unos picos iniciales de ventas por el pánico a la escasez, donde los clientes llenaban los depósitos, la demanda se ha desplomado. "La caída ha sido en picada y ahora se está vendiendo bastante menos", confirma García, señalando que el miedo a los altos precios ha llevado a la gente a coger menos los vehículos. En su gasolinera, abanderada con Repsol, el precio se situaba en 1,9198 euros, aunque se esperaba una ligera baja. García explica que, si bien el precio del barril de petróleo es un factor clave, que llegó a un pico de 118 dólares, no es el único indicativo, y los pequeños empresarios del sector manejan información limitada que les proporcionan las petroleras. Una de las consecuencias más notables de la crisis es la diferencia entre las gasolineras abanderadas por grandes petroleras como Repsol, Mueve, Galp o VP y las que no tienen bandera. Estas últimas, según García, han sufrido falta de suministro y se han visto obligadas a pagar cifras desorbitadas por las cisternas. "Han tenido que pagar las cisternas a 70.000 u 80.000 euros y lógicamente han tenido que subir los precios", detalla. Ante este panorama, el sector se ve forzado a evolucionar. "Las estaciones de servicio se están convirtiendo en eso, en estaciones de servicios en plural", afirma García. La estrategia pasa por diversificar la oferta con puntos de carga de vehículos eléctricos, pequeños supermercados y servicios de paquetería como los lockers de Amazon o InPost para atraer clientes. El impacto de esta crisis energética trasciende a las gasolineras, afectando a toda la cadena de suministro por el aumento de los costes de transporte. Este encarecimiento se refleja en productos de consumo básico, como los tomates, cuyo precio, menciona García, ya alcanza los 2,90 euros el kilo.