Antes de ser fraile y ser beato, fray Sebastián de Aparicio se divertía mancornando toros bravos, es decir, los derribaba tomándolos por los cuernos. Por eso se le considera uno de los fundadores de la charrería mexicana, y aunque no es santo, sino solamente beato, se le venera como patrono de los charros y su protector.