¿De dónde le viene? Desde luego, la invocación de la “austeridad republicana” le viene a la presidenta Sheinbaum de su antecesor, quien a su vez la citaba (mal) de un informe del presidente Benito Juárez . Éste les exigía esa virtud a los (pocos) servidores públicos de su gobierno en la República Restaurada. Así llamó Cosío Villegas a esa etapa, sí, la de una República, además de restaurada, empobrecida, endeudada tras la década que siguió al autogolpe de Comonfort, la guerra civil, la intervención francesa y el triunfo de las armas republicanas. Pero ante una historia fabricada con frases fuera de contexto por AMLO, el historiador no ha podido más que desdoblarse, como ocurre ahora, en su contrario. No sólo referida a los excesos y escándalos del momento, sino a la paráfrasis de otro dicho proverbial mexicano: “Hágase la austeridad de Dios en mis adversarios, en el vasto elenco del oficialismo del pasado y en los órganos del Estado que no me dan votos, sino que me los disputan”.