Gustavo Torner estaba contento y orgulloso de haber cumplido los cien años, pero apenas un mes y medio más tarde murió. Tuvo tiempo, sin embargo, de asistir a la exposición homenaje que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando preparó con motivo de su centenario, y que se celebró el pasado verano, pero por desgracia no ha podido presenciar esta admirable doble exposición, organizada en su ciudad natal, dedicada a una de sus obras más queridas y emblemáticas: 'El Vesalio'. Se trata de una obra monumental –una edición múltiple, una obra gráfica– a la que el artista consagró casi cincuenta años de su vida, empezada en 1965 y concluida en 2014, y a la que consideraba «la obra más completa que he ejecutado y la que me ha dejado más satisfecho». Cuando en 1964 estuvo en Nueva York, participando en la Exposición Universal junto con Fernando Zóbel, Torner adquirió varias copias de una reproducción facsímil de la célebre 'Anatomía de Vesalio' con la intención de hacer una serie de 'collages' a partir de sus grabados. Al parecer, Zóbel se mostró muy reticente a ese respecto. Las dramáticas imágenes de la 'Anatomía de Vesalio' tenían tanta fuerza por sí mismas que sería muy difícil integrarlas en una obra personal. Además, su uso parecía una traición a los ideales del arte abstracto, en cuyos principios venían trabajando ambos artistas. Es cierto que Torner, ingeniero forestal de formación, se había introducido en la pintura a partir de la figuración. Sus paisajes de los años cincuenta, así como sus exquisitas láminas de la flora forestal española así lo demuestran. Pronto, sin embargo, se desprendió de la idea del cuadro como ventana para acercarse más a la concepción del cuadro como objeto. Solo entonces, a principios de los años sesenta, apareció en su obra el diálogo entre el Informalismo y la geometría, representado como una yuxtaposición de materiales: pulidas superficies de aluminio rematadas con elementos matéricos y orgánicos. Por eso, cuando empezó a componer los primeros 'collages' de su 'Vesalio' no hubo allí ni olvido ni traición a su propia trayectoria. El 'Vesalio' de Torner no era, no obstante, ni cuadro ni una serie de cuadros. Como el artista no dejó de señalar, se trataba de un libro. Un libro de 'collages' en dos tomos, con veinte diferentes grabados cada uno, del que solo se hizo una edición de diez ejemplares. Pero es cierto que para contemplarlo es necesario exponer las láminas sobre la pared. El propio Torner así lo hizo en 1967, cuando lo mostró en la galería Edurne de Madrid y en la Casa de Cultura de Cuenca, y lo volvió a hacer en la exposición retrospectiva del Reina Sofía, en 1991. Del mismo modo, esta doble cita, en la Casa Zavala y en el Espacio Torner, contó desde el principio con la complicidad y la colaboración del propio artista. El comisario, Arturo Sagastibelza, ha querido organizarla 'En torno a 'El Vesalio'', y para ello, la ha dividido en tres partes bien diferenciadas, con obras que van desde 1960 hasta las últimas relacionadas con el tema, de 2016. Para ello también se ha editado un magnífico catálogo, con numerosos textos críticos.