En alguna clase, presupongo que en mi época de instituto, una profesora negó con la cabeza cuando escuchó decir a alguno de nosotros aquello de que «el saber no ocupa lugar». No recuerdo quién lo dijo y de quién fue el no, pero sí que me quedé con el mensaje: todas las cosas que aprendemos o vivimos se apropian de un espacio en nuestro cerebro, por pequeño que sea. Me hace gracia, ¿sabes? No quiero ni pensar el desorden que puedo tener ahí dentro, porque en algún lugar deberían estar las mañanas que aprendí con la guitarra en cuatro años de conservatorio, y te aseguro que hace mucho que no las veo.