Sacudidas de fe

La palabra testamento debe entenderse en la película de Mona Fastvold (Oslo, 1981) en un sentido bíblico. Es decir, este testamento de Ann Lee se reclama como depósito de la palabra iluminada. Nada que ver con disponer de los bienes materiales de este mundo. De hecho, poca herencia cabría disputarse en un movimiento religioso que, en el momento de los hechos que aquí se narran, el siglo XVIII, contaba con 6.000 feligreses y que, en la actualidad, solo aporta dos parroquianos según se nos desvela al final de la película. Pero, ¿de verdad existen dos seguidores de Ann Lee? ¿Quiénes son esas dos almas cautivas?