La recomendación del banco central de Suecia para que sus ciudadanos guarden mil coronas suecas (unos 90 euros) en efectivo en casa, ante el actual contexto geopolítico, ha reabierto el debate sobre la tenencia de dinero físico. Aunque la medida se presenta como una forma de prudencia, varios expertos financieros advierten de los riesgos que podría entrañar una decisión similar en otros países. El profesor Pablo Larraga, de la UPF Barcelona School of Management, analiza las posibles consecuencias y coincide con la prudencia del Banco de España al no pronunciarse, pues considera que una recomendación generalizada de retirar dinero podría ser contraproducente. El principal peligro, según Larraga, es que una llamada a guardar efectivo en casa se malinterprete y derive en retiradas masivas de depósitos. "Si a una persona le dices que es conveniente que tengas 1.000 coronas, el equivalente a unos noventa euros en casa, ¿qué volvería a pasar? Que mucha gente dice, pues si noventa euros no es nada, en lugar de noventa, pues saco novecientos o mil o cinco mil", explica el profesor. Esta situación, advierte, podría comprometer el correcto funcionamiento de la economía. Larraga teme que una recomendación oficial de este tipo sea contraproducente. Una situación que describe con una frase contundente: "puede ser peor el remedio que la enfermedad". El experto pone cifras a la hipótesis: "Si en España, por ejemplo, hay unos diez millones de familias y cada una saca entre 5.000 y 10.000 euros, podríamos estar hablando de una salida de efectivo de los bancos de centenares de miles de millones de euros". Por ello, aplaude la cautela de instituciones como el Banco de España, que prefieren no generar una alarma innecesaria. Otro de los grandes riesgos asociados a la acumulación de efectivo en los hogares es el de la seguridad ciudadana. Pablo Larraga señala que incitar a la gente a retirar dinero, especialmente a las personas mayores, los convierte en un blanco fácil para los delincuentes. "Es una operación de riesgo, porque si ya hay mucha gente que saca dinero de las oficinas, podría darse el caso de que hubiera muchos delincuentes para atracar a estas personas", afirma. El problema no se limitaría a los cajeros automáticos, sino que podría trasladarse a los domicilios. Larraga insiste en que el peligro es real y que ya ocurre con el cobro de las pensiones, cuando los ladrones vigilan a los jubilados a la salida del banco. "En este caso, claro, sería un tema de más magnitud", comenta, alertando de que los atracos podrían aumentar. "Si se da esta situación de que todos tenemos en lugar de 900, 1.000 euros en casa, los atracadores, los delincuentes, saben que habrá muchas más casas en las que, si entras, tienes más posibilidades de encontrar dinero". El debate sobre el efectivo surge en un momento de plena transformación digital de los medios de pago. Aunque Suecia es una economía "muy digitalizada", Larraga matiza que España "está avanzando cada vez más, y especialmente a partir del confinamiento". Cada vez más personas utilizan tarjetas de crédito o el móvil para sus pagos cotidianos. En este contexto, algunos gobiernos y el propio Banco Central Europeo (BCE) han estudiado la posibilidad de eliminar el dinero físico para tener un "control económico y fiscal mucho más grande de la ciudadanía y de las empresas", aunque de momento es un proyecto en espera. Ante esta realidad, el profesor Larraga concluye que la clave está en el equilibrio y la diversificación, un principio fundamental en la economía. Considera "prudente" llevar una pequeña cantidad, como los 40 o 50 euros que estima el Banco de España de media por persona, para imprevistos como pagar en un autobús. Sin embargo, recalca que no se deben "poner todos los huevos en la misma cesta". La solución no es acumular grandes sumas de dinero en casa, sino combinar los diferentes métodos de pago disponibles, desde el efectivo para pequeñas transacciones hasta las tarjetas o los Bizums para el resto, garantizando así tanto la comodidad como la seguridad.