Lo que para muchos - sobre todo en los meses más fríos del año - es un auténtico placer, para la salud de nuestra piel es un tormento. Y es que pese a lo reconfortante que pueda parecer una buena ducha caliente, con su sensación de calor y relajación muscular inmediata, detrás se esconden algunos riesgos. Así lo recuerda el Grupo Hospitalario Quirón en un vídeo difundido en sus redes sociales, donde apunta unas pautas a tener en cuenta. Según explican los especialistas, el calor excesivo - por encima de los 40 grados - elimina los lípidos naturales de la barrera cutánea, una capa protectora responsable de mantener la hidratación y proteger frente a agentes externos. Cuando esta barrera se altera, la piel pierde agua con facilidad, lo que se traduce en sequedad, tirantez, descamación y mayor sensibilidad. Esta pérdida de equilibrio también puede agravar problemas dermatológicos preexistentes, como la dermatitis atópica o la psoriasis. Diversos estudios dermatológicos han demostrado que las temperaturas elevadas dañan la función barrera del estrato córneo -la capa más externa de la piel- y aumentan la inflamación cutánea. A partir de los 40 grados, además, se produce una vasodilatación intensa que explica el enrojecimiento, el picor o incluso los mareos que algunas personas experimentan al salir de la ducha. El impacto no se limita al cuerpo. El cuero cabelludo también puede verse afectado: el agua muy caliente elimina los aceites naturales del cabello, favoreciendo la sequedad, la descamación y la aparición de caspa. En quienes tienen el pelo fino o graso, este tipo de duchas pueden alterar el equilibrio del cuero cabelludo y provocar un exceso de producción sebácea como respuesta. Los dermatólogos del Grupo Quirón recomiendan duchas breves, de entre 5 y 10 minutos, con agua templada. La temperatura ideal se sitúa entre los 32 y los 38 grados, suficiente para lograr una higiene eficaz sin agredir la piel. «En personas con piel seca, sensible o con afecciones como dermatitis o psoriasis, el riesgo es mayor», indican en el vídeo. Otro consejo importante es aplicar una crema o loción hidratante justo después de secarse, cuando la piel aún está ligeramente húmeda, para sellar la humedad y reforzar su barrera protectora. «Un pequeño cambio diario puede marcar la diferencia en la salud de tu piel», concluye.