Me voy a vivir a Marte

Últimamente observo un gran desapego por participar en mejorar el ecosistema y colectivo que nos rodea. Cada cosa que se hace y no tenga un beneficio tangible y directo, nos duele como una pérdida filial irrecuperable. Desde pagar impuestos, hasta participar en la comunidad de vecinos de tu bloque. ¿Para qué voy a molestarme? No tengo tiempo / No sirve de nada / Se lo robarán y quedarán los de siempre / se lo darán a un pobre con una paguita / eso le corresponde a otros / no me quiero meter en líos / ya si eso mañana / tampoco es para tanto / a mi no me afecta / no me renta / es que si digo algo me significo. Son solo algunos ejemplos. No hay límite para la creatividad humana cuando se trata de poner excusas para anteponer los objetivos personales a los colectivos. Y creo que es algo completamente transversal a toda la sociedad. Desde el último hijo de vecino, hasta el rey de España. Dado que parece que nadie da un duro por lo que le rodea, cada vez escucho más la salida de “me largo de España”, “Aquí no se puede vivir”. Esto es lo que realmente me choca. ¿A dónde narices quieren ir mejor que aquí? ¿A New York? ¿A Paris?¿A Londres? ¿A Beijing? A.. ¿Mogadiscio? Ahí creo que no se paga nada de impuestos. Dejo al lector que haga un estudio de las condiciones de vida de estos lugares. El remate al absurdo llega con los súper ricos, ya viven en los lugares más top, no pagan impuestos, acuden a los mejores hospitales y escuelas, tienen lo mejor de todo lo que se puede comprar en este mundo, pero igualmente les afecta esta línea de pensamiento. ¿A dónde van a ir estos?