En la localidad malagueña de Teba, una antigua almazara de aceite ha renacido como un vibrante punto de encuentro cultural y social. Se trata de El Molino de las Pilas, una iniciativa liderada por Macarena González que ha sido reconocida recientemente con el premio en el apartado de consolidación de ideas innovadoras de emprendimiento, otorgado por la Diputación de Málaga. El proyecto ha transformado un espacio histórico en un concepto que aúna turismo, cultura e historia. El origen del proyecto es una almazara de aceite de 1882 que se encontraba en desuso. "No queríamos que se perdiera, porque es patrimonio precioso", explica González. La rehabilitación ha permitido conservar elementos de gran valor, como una prensa de viga y quintal que, según su responsable, "probablemente sea una de las más grandes que se conservan en el lugar original". La recuperación del patrimonio histórico es, por tanto, uno de los pilares de esta iniciativa, que funciona también como un museo donde se narra la historia y el funcionamiento de las almazaras. Además de la recuperación patrimonial, el gran objetivo ha sido convertir el molino en un referente cultural. Macarena González, que proviene del mundo de la cultura, afirma que "el reto ha sido que sea también un polo cultural en un pueblo como Teba". El resultado es un espacio donde la historia y la innovación convergen para ofrecer una experiencia única a los visitantes. La oferta cultural del Molino de las Pilas es amplia y variada. Durante el verano, su patio se convierte en un escenario para conciertos y espectáculos bajo las estrellas. La programación es ecléctica, incluyendo desde recitales de poesía y conciertos de tango hasta actuaciones de artistas como la transformista Imperio Reina. La idea es que los asistentes puedan disfrutar de una copa mientras presencian un espectáculo en un entorno singular, aprovechando la experiencia de un equipo que previamente gestionó un teatro en Barcelona. El Molino de las Pilas también funciona como un hotel con encanto de pocas habitaciones, lo que garantiza un trato cercano y personalizado. "El que viene, al final, acaba siendo casi como de la familia, porque le explicamos toda la historia del molino", comenta su responsable. Su ubicación es estratégica, al estar cerca del Caminito del Rey y a solo 20 minutos de la estación del AVE de Antequera. Las habitaciones rinden homenaje a la historia del lugar, con nombres de variedades de aceituna como blanqueta, manzanilla o picual. La decoración está cuidada al detalle, incorporando elementos de la cultura del aceite, como antiguos candiles o barras de cortina hechas con varas de varear. "Nuestro motor es recuperar la cultura del aceite", subraya González, una filosofía que se refleja en cada rincón del establecimiento. Aunque no disponen de un restaurante abierto de forma permanente, el molino colabora estrechamente con emprendedores locales para ofrecer servicios de comida por encargo. "Trabajamos muchísimo en cooperación con otras empresas, porque nos interesa mucho el sumar con la gente del territorio", destaca González. Esta sinergia permite organizar paquetes completos para grupos que buscan un fin de semana diferente, como encuentros de lectura que combinan la pasión por los libros con espectáculos y cenas temáticas con recetas de la zona. De cara a Semana Santa, el establecimiento cuenta con una alta ocupación, aunque todavía queda alguna disponibilidad para quienes deseen descubrir Teba y su entorno. La buena comunicación, junto a eventos cercanos como el campeonato de karts en Campillos, contribuye a mantener una afluencia constante de visitantes que buscan una experiencia que va más allá del simple alojamiento.