«¿El coche? En el garaje, que es donde mejor está con la que está cayendo», se le podía a escuchar a un transeúnte que se encontraba en el supermercado de una estación de servicio en la calle Progreso. «El coche va a hacer el ramadán conmigo, se queda sin beber», bromeaban en los últimos días varios usuarios musulmanes por las redes. Y es que más allá de porcentajes y estadísticas, las consecuencias de los conflictos globales en la comercialización del combustible ya se notan a pie de calle. Los conductores ya notan desde hace días en la factura cómo el gasóleo y el diesel se encuentran en una subida constante de precio, y de una forma u otra, comienzan a cambiar sus hábitos para ahorrar en carburante.