Resulta francamente desagradable tener que escuchar al señor Isaac Fouto casi cada noche en la radio. No es una cuestión de opiniones, sino de formas. El señor Fouto acostumbra a comportarse con una mezcla poco edificante de mala educación, intolerancia hacia las opiniones ajenas y una llamativa incapacidad para gobernar sus emociones. Algo que, tratándose de alguien que habla ante miles de oyentes, debería ser condición mínima. Comprendo que su presencia en la plantilla se deba a su capacidad para conseguir información. En el periodismo, las exclusivas tienen su valor. Pero una cosa es disponer de fuentes y otra muy distinta convertir cada intervención en un espectáculo de desdén hacia quienes no comparten su criterio. Demasiada paciencia tienen sus compañeros, que soportan con educación lo que, en demasiadas ocasiones, son faltas de respeto. Especialmente cuando alguien osa criticar a los árbitros, a Tebas o a la propia Liga, terreno en el que el señor Fouto parece perder toda compostura. Dicho con la mayor claridad posible: quizá el señor Fouto sea útil en la trastienda del oficio, pero resulta difícil entender por qué se le expone con tanta frecuencia al directo. En definitiva, su presencia frecuente en directo no parece hacer ningún favor ni al programa, ni a él mismo. Un saludo, Pablo Turrión.