Si Emily Brontë levantara la cabeza y viera la última adaptación de su obra, Cumbres borrascosas, y a Jacob Elordi interpretando a Heathcliff, probablemente pediría volver a morirse en el acto. El miércoles fui al cine. Éramos veintidós personas en la sala: un batallón de veinte mujeres de distintas edades que parecían haber venido a una despedida de soltera literaria en lugar de a ver un drama gótico, más una gran amiga y yo.