Los arqueólogos llevaban décadas leyendo el género en los ajuares funerarios del Neolítico, pero había un problema de fondo. Ahora, 125 esqueletos analizados en Hungría muestran que la vida real fue más flexible, menos rígida y bastante más humana de lo que sugerían las tumbas
Las marcas de esfuerzo, postura y uso repetido del cuerpo revelan que las comunidades agrícolas tempranas sí distinguían actividades por sexo, aunque dejaban espacio para trayectorias individuales menos previsibles.