Hay islas que cumplen con lo que prometen, y luego está Puerto Rico, que hace algo mucho más interesante: nos rompe los esquemas. Porque sí, esta isla que por un lado mira al océano Atlántico y por el otro al mar Caribe encaja a la perfección en la idea de la idílica postal caribeña: playas de arena blanca, palmeras inclinadas sobre el agua turquesa y un cóctel al atardecer. De hecho, en sus 400 kilómetros de costa hay 300 playas, más que suficientes para complacer todos los sueños. Pero quedarse ahí es perderse la verdadera esencia de la isla.