Cuando la guerra encarece el derecho a vivir

Hace apenas unas semanas, el sector de la construcción en Balears hablaba de crecimiento y estabilidad. Hoy, ese optimismo se ha evaporado. La guerra en Irán –un conflicto lejano en lo geográfico pero inmediato en sus consecuencias– amenaza con desencadenar un nuevo ciclo inflacionista que puede tener efectos devastadores sobre el acceso a la vivienda. El problema no es solo el encarecimiento de materiales como el acero, el cemento o el asfalto. Eso es solo la parte visible. Lo verdaderamente preocupante es el efecto en cadena: promociones paralizadas, licitaciones desiertas, retrasos en proyectos públicos y, en última instancia, un nuevo repunte del precio de la vivienda. Una vez más, el ciudadano pagará la factura. En Balears, además, la insularidad agrava la situación. El incremento del coste del transporte marítimo añade presión a un mercado ya afectado por la crisis derivada de la guerra en Ucrania en 2022. Aquella subida no fue pasajera: se consolidó. Todo indica que ahora puede repetirse.