En pleno siglo XXI podemos decir sin duda ninguna que cualquier revisión que hagamos del pasado revelará una cadena interminable de abusos, desigualdad, violencia, privaciones y crímenes. Básicamente porque en 2026 prácticamente TODO es un crimen. Incluso odiar. En ese sentido las palabras del Rey admitiendo que en el siglo XV se produjeron abusos durante la conquista de América son una idiotez. Que alguien se escandalice lo es más aún. El problema no es lo que dice, sino por qué lo dice. Ni siquiera fueron sus antepasados los que estaban ahí. En ese sentido, él es un extranjero puro. Y no debería disculparse por cuestiones que ocurrieron siglos antes de que su dinastía llegara al trono de España. De hecho, los que sí protagonizaron aquellos acontecimientos fueron quienes se instalaron en América, por lo que hoy son plenamente mexicanos, colombianos, venezolanos etcétera. A sí mismos deben pedirse cuentas, no a los españoles que se quedaron en su país y jamás tomaron parte en nada de lo que aconteció en otro continente. Y esto también tiene que ver con quién exige esas disculpas sin sentido: Manuel Andrés López Obrador. Como se ve por sus apellidos, de indígena no tiene una gota de sangre. Es más, procede de Santander y de Mallorca. Es decir, españolísimo. Su sucesora, Claudia Sheinbaum, es judía, cuyos cuatro abuelos europeos –lituanos y búlgaros– huyeron a México tras las guerras mundiales. Así que de indígena tampoco tiene una sola gota de sangre. Y está muy bien que ambos hayan tomado la bandera del indigenismo de su país de adopción y reivindiquen los derechos del pueblo originario. Pero sería aún mejor si, dentro del propio país, les respetaran y dejaran de discriminarles.