La Iglesia busca patronos privados para cubrir gastos de la visita del Papa

La visita del Papa León XIV a España, prevista entre el 6 y el 12 de junio, ya ha entrado en su fase más delicada, la de la financiación. Mientras la agenda definitiva sigue a la espera de la aprobación de la Santa Sede, la maquinaria organizativa –con las diócesis anfitrionas al frente y, en el caso de Madrid, un comité específico presidido por el cardenal José Cobo– ha comenzado a mover discretamente sus hilos en el ámbito empresarial. El objetivo es claro: replicar el modelo de 2011 y sufragar el viaje con aportaciones privadas, sin recurrir a fondos públicos. «El objetivo es que, como en la última visita de Benedicto XVI en 2011, el viaje sea pagado por los católicos y las personas de buena voluntad que quieran colaborar», explican a ABC fuentes de la organización. Y, aunque todavía no pueden «calcular el presupuesto final porque la agenda no está cerrada», si tienen claro que « no pedimos dinero a las administraciones públicas ». Así, el instrumento para lograr la financiación es un dossier de patrocinio que, desde hace días, han pasado a una cincuentena de grandes empresas, fundaciones y potenciales benefactores. Un documento cuidado al detalle –al que ha tenido acceso este diario– en el que se dibuja tanto el impacto global del evento como las distintas vías de colaboración. El corazón de la propuesta reside en una estructura de cinco niveles de patrocinio, pensada para atraer desde grandes corporaciones hasta pequeños donantes. En la cúspide se sitúan los «grandes benefactores», seguidos de los «benefactores», los «patrocinadores», los «colaboradores» y, en la base, la figura simbólica del «amigo». El escalón más alto exige una aportación de entre 500.000 euros y un millón . A cambio, el gran benefactor accede a un paquete de privilegios diseñado a la medida de una gran compañía: espacio reservado en los actos multitudinarios, uso del logotipo oficial del evento en sus comunicaciones –incluidas las web y publicaciones–, deducciones fiscales conforme a la normativa del mecenazgo y, sobre todo, un elemento de alto valor simbólico: un encuentro personal con el Papa. Un peldaño por debajo se sitúa el nivel de benefactor, con aportaciones de entre 500.000 y 250.000 euros. En este caso, los incentivos incluyen también espacios reservados en los actos centrales, presencia de marca en las comunicaciones oficiales, deducciones fiscales y un encuentro de trabajo en el Vaticano. Además, estos benefactores participarán en una audiencia conjunta con el Pontífice . Según los organizadores, es habitual que el Papa quiera saludar personalmente a quienes han colaborado con el viaje, y «esta es una fórmula para identificarlos». A partir de ahí, la escala desciende progresivamente. Los patrocinadores (entre 250.000 y 50.000 euros) obtendrán visibilidad como «embajadores empresariales» del evento y presencia en materiales oficiales. Los colaboradores (10.000 euros) serán incluidos en el directorio oficial de entidades participantes, mientras que los amigos –con aportaciones desde 1.000 euros– recibirán un reconocimiento formal y certificación de su contribución. Más allá de las cifras, el dossier revela que la estrategia principal no pasa tanto por captar grandes cantidades de dinero como por reducir los costes mediante aportaciones en especie. «La idea es pedir, sobre todo, patrocinio en especie a través de que las empresas financien gastos como la instalación de escenarios y tribunas, baños químicos o las vallas para los eventos», explican a ABC. El abanico es amplio: desde transporte y alojamiento para voluntarios y participantes hasta tecnología de telecomunicaciones, producción audiovisual, seguridad o servicios profesionales. En la práctica, se trata de trasladar a empresas concretas la financiación directa de partidas logísticas muy específicas, para «optimizar recursos y reducir la necesidad de liquidez». El dossier identifica incluso los sectores prioritarios : banca, salud, infraestructuras, educación, telecomunicaciones, medios de comunicación o hostelería, entre otros. Más de 200 entidades han sido ya señaladas como potenciales colaboradoras. El argumento comercial para estas empresas no es menor. La visita del Papa se presenta como un acontecimiento de alcance internacional, con una audiencia potencial de cientos de millones de personas. Según las estimaciones del propio dossier, se espera superar «los 1,5 millones de asistentes presenciales» y alcanzar una audiencia televisiva global «cercana a los 500 millones». A ello le suma la proyección mediática en redes sociales y plataformas digitales, así como la asociación de marca con valores como la solidaridad, la paz o la justicia social. Un relato con el que buscan seducir a las empresas no sólo desde el retorno publicitario, sino también desde la responsabilidad social corporativa. El atractivo económico se completa con un apartado específico sobre deducciones fiscales. Las aportaciones se acogerán a la Ley de Mecenazgo, con deducciones que pueden alcanzar el 40% o el 50% en el caso de personas jurídicas y beneficios adicionales si el evento obtiene la consideración de «acontecimiento de excepcional interés público», lo que permitiría recuperar hasta el 90% de la donación en determinados supuestos. En paralelo, la organización pone el acento en la transparencia. La archidiócesis de Madrid actuará como entidad receptora de los fondos, se habilitará una cuenta bancaria específica y se prevé una auditoría externa, así como un informe final de rendición de cuentas. Desde la Conferencia Episcopal insisten en que el protagonismo en la búsqueda de fondos recae en las Iglesias locales. «Quienes realmente organizan son las diócesis locales que reciben al Papa», subrayan desde la organización. En este caso, Madrid, Barcelona , Gran Canaria y Tenerife serán las sedes principales de un viaje que, según se desprende del dossier, aspira a convertirse en un hito no sólo religioso, sino también social y mediático.