Eusebio Cáceres: «Perdí la naturalidad, y cuando me di cuenta ya no sabía saltar»

Fue un talento precoz de primer orden. Subcampeón mundial sub-20 en 2010, con 18 años; dos temporadas antes, bronce con apenas 16. Después, la gloria se le resistió por centímetros y por días: cuarto en el Mundial de Moscú 2013, también en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y en varias citas europeas. Siempre capaz de volar con soltura más allá de los ocho metros, hasta fijar un techo de 8,37 con solo 21 años, pero sin terminar de desplegar del todo las alas. Luego llegaron los años oscuros: lesiones, pérdida de confianza, una sucesión de intentos fallidos por reencontrarse. Una década de frustración que incluso le empujó a considerar la retirada. En 2023 decidió darse una última oportunidad y se puso a las órdenes de Iván Pedroso. Este invierno, ya con 34 años, Eusebio Cáceres (Onil, 1991) volvió a alzar el vuelo: 8,19 metros en el Campeonato de España . Un brinco que le otorgó su decimocuarto título nacional y el billete para el Mundial de Torun. -Mucho tiempo esperando ese salto de Valencia. ¿Qué sintió al lograrlo? -Bueno, tranquilidad. Han sido doce o trece años tratando de recuperar ese salto natural y fácil que perdí en su momento. Llevo mucho tiempo peleándome con el foso. Cuando saltaba parecía chocar siempre. Era una sensación de no saber qué hacer, cuando antes yo simplemente corría y salía solo. Esa naturalidad no requería mucho. No entendía qué había pasado y, por fin, parece que lo he encontrado. Ahora tengo la ambición de pulirlo. Necesito tiempo para perfeccionarlo, y siento que a este Mundial llego casi como un novato, pese a la edad. Para mí es empezar de nuevo. -¿Y cómo ha vuelto la fluidez? -En este caso ha sido un gesto técnico, una alineación de la espalda. Una lesión cambió completamente mi postura, y ahora tengo que hacer un movimiento muy incómodo para mí, en el que tengo que forzar muchísimo y me resulta antinatural, pero que cuando lo hago consigo esa sensación antigua de entrar en el foso, correr y que salga solo. -Un pequeño gesto cambia todo. -Sí, sí. La técnica es la técnica, y todos los entrenadores que he tenido, cada uno con sus métodos, convergen en lo mismo porque no existe una manera diferente. Pero aquí el problema era mío, en algo que no se ve, que no se aprecia, que no da ninguna señal, pero que en cuanto lo fuerzo y consigo llegar a ese momento, el salto me sale prácticamente totalmente solo. -Solo usted podía ayudarse. -Claro. Yo saltaba y todos me decían que muy bien, que esa era la manera. Y yo: «sí, pero he notado que chocaba, que se me paraba todo, que me iba de boca, que se me iba descontrolado…». Y yo sé que así no es. Al final, después de mucho ensayo y error, de probar mucho, de introspección, de ver cuándo esas sensaciones eran buenas, de saltar de todo tipo de maneras -hacia delante, hacia atrás, más largo, más corto-, he conseguido volver a esa sensación de saltar fácil. -Le he escuchado decir que ha sido el único «tonto» que confiaba en usted. ¿Llegó a pensar que no volvería a un gran campeonato como este Mundial? -Ya no de no llegar, porque siempre he tenido una capacidad y una velocidad muy alta como para meterme en este tipo de campeonatos, pero lo que yo he buscado siempre no ha sido esto. Siempre he tenido sensación de hacer saltos muy largos, de batidas muy grandes. Y parecía que había desaparecido completamente. Pero yo siempre he sentido que era capaz, porque físicamente me encontraba muy bien, y que había que arreglar algo que tenía muy cerca y no era capaz de conseguirlo. Y ahora que lo tengo, solo tengo que estar en este momento e ir hacia adelante. Por suerte no me he venido abajo y he seguido, porque me gusta lo que hago. Me gusta competir y lo disfruto muchísimo. -¿Cómo define su travesía por el desierto? -No te sé decir. Ha habido muchísimas lesiones, muchísimas. Y parece que todas ellas fueron lo que me quitó un poco esa naturalidad. Intentar no hacerte daño te va cambiando. Luego un tema se va acentuando, no sabes qué pasa y, cuando me di cuenta, no sabía saltar. He estado muchísimo tiempo sin saber saltar. Físicamente tenía números como para hacer barbaridades, pero luego no era capaz de plasmarlos en el foso. -Entre medias, cambio de residencia, de entrenadores… lo que fuera para volver. -Todos los entrenadores que he tenido me han querido y me han apoyado muchísimo. Sigo teniendo contacto con todos y de todos he aprendido. Gracias a ellos tengo muchísima experiencia, aunque me sienta como un novato en este momento. -Y acabó en manos de Iván Pedroso. ¿Cómo es el trabajo con él? -Es el mejor saltador de la historia, el que demostró sencillez a la hora de saltar. Hemos hablado mucho y coincidimos en las sensaciones que se han de tener en el salto, esa capacidad de ir a por todas, de tener poco miedo, de ser un poco irrespetuoso. Y me ha aportado mucha tranquilidad al entrenar, de no tener prisa, no forzar y hacer las cosas bien. Es lo que me estoy llevando, sobre todo. -Jordan Díaz acaba de romper con él. ¿Qué opina de la situación del campeón olímpico? -Tiene una calidad increíble, pero tiene problemas que arreglar. Supongo que esos miedos con las lesiones pueden hacerle tomar ese tipo de decisiones. Verse en una posición de saber que puede saltar muchísimo y no ser capaz de sacarlo puede generar inseguridad. -¿Cuál es su objetivo en Torun? -La idea es seguir con lo que estoy aprendiendo y perfeccionarlo en las competiciones. Me encuentro bien, pero tengo que solucionar muchísimos problemas: que la posición sea más natural, mejorar el tema de subir las rodillas, los brazos, la sensación de nulo… Hay muchas cosas que mejorar. De todas maneras, es un Mundial y voy a por todas. -El nivel actual de la longitud es muy alto. -Sí. Creo que el oro va a estar por encima de 8,50, seguro. Y me atrevería a decir que las medallas por encima de 8,40. -Guerra, Santos, Lescay… También es buen momento para la longitud española. -Sin duda. Que haya nivel te hace ambicioso, te hace querer ganar. Creo que va a hacer que todos saltemos más. Los que ahora están detrás de mí, -que antes estaban delante, ojo- son muy buenos. Va a haber muchas batallas. Tres días de competición, un fin de semana largo, conforman la primera gran competición de atletismo en 2026: el Mundial en pista cubierta, o 'short track', como se denomina ahora, que se disputará por tercer año consecutivo, tras Glasgow 2024 y Nankín 2025, tras la recolocación el año pasado de la cita china, retrasada por la pandemia. La delegación española la conforman 22 atletas, 12 hombres y 10 mujeres, con Mohamed Attaoui, Quique Llopis y los relevos como grandes candidatos a subir al podio. El objetivo será mejorar las tres medallas de bronce de Nankín, obra de Ana Peleteiro (triple), Fátima Diame (longitud) y Josué Canales (800). Entre las estrellas internacionales, ninguna brillará tanto como Mondo Duplantis , en busca de su 16º récord mundial en salto con pértiga. Kishane Thompson (60 m.) Keely Hodgkinson (800) o Yulimar Rojas (triple salto) también acapararán focos.