La paradoja de los "feminismos"

Ahora se usa el plural o el término feminismo seguido de un sinfín de coletillas que parecieran acompañarle definiéndolo, como si el sustantivo ya no tuviera sentido per se. Como si cupiera una "s" en una ideología o movimiento, ¿podemos imaginar los "socialismos", los "antifascismos", los "liberalismos"? Se vacía de contenido una causa por complejizarla demasiado, parece paradójico, ¿no era que echar mucho contenido en el vaso lo llenaba? ¿No era que nos armaría de profundidad una causa con muchas posiciones? Pues no fue así, y ahora nuestro país se considera la mitad de feminista que hace unos años, pero el doble de igualitario. Las paradojas abundan en esta causa, como ya veremos, aunque la autocrítica y la búsqueda del pragmatismo no lo hagan. La más sonada es la paradoja nórdica de la igualdad de género, que se da en estos países más igualitarios, que ya rompieron el famoso techo de cristal, ajustaron la brecha salarial y potenciaron la conciliación y el reparto de cuidados. Lo que nos subraya esta paradoja es que cuanto más igualitario es un país a nivel legal y social, más marcadas son las diferencias de género en las elecciones de carrera y estudios. Frente a la teoría clásica que argumenta que hombres y mujeres eligen carreras profesionales diferentes por presión social o falta de oportunidades, en los países donde esa presión no existe, ¡deberían elegir lo mismo! Pero ocurre exactamente lo contrario. Una parte del feminismo hegemónico nos vendió los factores culturales y sociales como principal causa de que las mujeres nos dediquemos a las personas, a lo social y a los cuidados. Peleó por las cuotas de género en carreras de ingeniería o ciencia, por incitar a las mujeres a que seamos verdaderamente feministas colándonos en espacios opacados por hombres, y señalando, como es habitual, que las decisiones que tomamos las mujeres son en su mayoría influidas por la sociedad. Cuando una mujer realiza estudios o acciones que generalmente son asociadas a hombres, se convierte seguidamente en una feminista referente, porque rompió con la idea de lo que puede hacer una mujer y no se debe a los estándares de la sociedad; aunque luego invierta la mitad de su sueldo o tiempo en operaciones estéticas, maquillaje o ropa, y esto no parezca ser un factor atravesado por la sociedad y la mirada masculina para los "feminismos". En cambio, una maestra o una enfermera son menos relevantes para la corriente feminista hegemónica, porque realizan tareas asociadas a la mujer: los cuidados de los que tanto nos han intentado desposeer. En Noruega y Suecia, el podio del ranking de la igualdad de género, cerca del 80-90% del personal de enfermería y educación infantil siguen siendo mujeres; en cambio, en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), a pesar de décadas de programas de incentivos, la proporción de mujeres es menor en Finlandia o Noruega que en países como India o los Emiratos Árabes Unidos. ¿Será que la biología, que nos asusta pronunciar, tiene mucho que decir en...