En 1975, cuando España asistía a la muerte del dictador Francisco Franco y respiraba el primer halo de una esperanza que conduciría a la Transición y, posteriormente, a la Democracia, las miles de jóvenes que estaban internas en los centros del Patronato de Protección de la Mujer vivían una realidad paralela completamente ajena a ello. El dictador había muerto, pero el machismo, el ideal de mujer heredado del régimen y la represión continuaban para ellas. Medio siglo después de la muerte de Franco, el Gobierno reconoce este 20 de marzo a las mujeres que sufrieron las torturas y el maltrato de esta institución franquista como víctimas de la dictadura. Consuelo García del Cid, quien accedió al reformatorio de Adoratrices en Madrid por voluntad de su familia cuando tenía 16 años, comparte su testimonio y su reivindicación en esta entrevista a ElPlural.com. PREGUNTA (P): En 1975 ingresas por voluntad de tu familia en el Patronato, el mismo año que muere Franco. España empieza en ese momento una época nueva, sin embargo, lo que se vivía de puertas para adentro de estos centros no reflejaba lo mismo. ¿Cómo lo vivisteis? RESPUESTA (R): Yo viví la muerte de Franco en el reformatorio de Adoratrices de Madrid. Estaba convencida de que algo cambiaría, pero vi que no cambiaba absolutamente nada. Entonces empecé a meditar mi fuga, y me fugué, aunque esperé un tiempo prudencial. El primer año en Adoratrices era de encierro absoluto, pero a partir de ahí, dependiendo de tu comportamiento, las monjas te buscaban un trabajo que siempre era de niñera o de limpiadora, porque ellas tenían una lista de familias burguesas a las que daban mano de obra muy barata. Yo trabajaba de niñera y, ya muerto Franco, un día fui al Metro y vi en un quisco una revista que se llama Interview, con una chica completamente desnuda en la portada. Entonces llego al reformatorio, lo cuento, y nadie lo creía. Ahí me doy cuenta de que España estaba cambiando, pero para nosotras no, y empiezo a planear mi fuga porque yo me veía ahí metida hasta los veintitantos años, que era lo que mi familia, de alguna forma, pretendía. P: La historia del Patronato de Protección a la Mujer va intrínseca con la de la represión franquista. Sin embargo, cuando hablamos de esta, pocas veces se le da voz a la represión específica que sufrieron las mujeres. ¿Por qué esto ha sido tan invisibilizado en la memoria democrática? R: El Patronato era una entidad desconocida, pero no porque estuviera oculta, era algo concebido para adolescentes malas. Se nos consideraba descarriadas, imperfectas, rojas, comunistas, bolcheviques, díscolas. Llegaba un momento en que te convencían de que eras mala, porque la reeducación de ellas, absolutamente horrorosa, funcionaba; la presión era insoportable. Recuerdo que una monja, especialmente cruel, me metió en una habitación donde solo había un cuadro y un reclinatorio. Y me hizo jurar que me quedaría allí voluntariamente hasta los 25 años. Y yo le contesté, 'antes me mato'. Y salí...