Metiendo gas a las contradicciones propias

Antes de apilar sacos terreros en los extremos del bulevar del euskera conviene medir y medirse. Está feo que a CC.OO. no le cedan un kilómetro de Korrika. Portar el lekuko es motivo de satisfacción. Lo digo desde mi condición de erdaldun que tuvo la fortuna, cuando el cuerpo lo permitía, de hacerlo. Fue un orgullo y una declaración de adhesión por encima de las limitaciones personales. Me supuso portarlo para cederlo a una siguiente generación que hoy es euskaldun. Procurar el bien del euskera se puede hacer también desde la carencia de cualidades lingüísticas. Así que, entiendo que a un sindicato le frustre sentirse excluido del colectivo de amigos de la lengua vasca.