Pese a su mala fama y a las críticas que a menudo reciben sus letras, el reguetón tiene un efecto en el cerebro más potente que la música clásica. Así lo ha explicado la neurocientífica y profesora de música Manuela del Caño en 'Herrera en COPE', en la sección 'A Ciegas' con María José Navarro y Sofía Buera al presentar las conclusiones de un revelador estudio sobre la actividad cerebral que genera este popular estilo de música. La investigadora ha citado un estudio realizado en 2021 por un científico español que desmiente la idea preconcebida de que una composición de Bach activa más regiones cerebrales que un tema de reguetón. Tras analizar la respuesta del cerebro a distintos géneros, como la música clásica, la electrónica, la folclórica y el reguetón, la sorpresa fue mayúscula. Del Caño ha señalado que, contra todo pronóstico, "la música que más partes del cerebro ponía en funcionamiento y que activaba con más potencia, pues era la música del reguetón". El estudio se centró en áreas muy concretas: las que procesan los sonidos y las que gestionan el movimiento. El reguetón no solo fue el género que más activó estas zonas, sino que fue el único en estimular una región específica. Según ha detallado la experta, esta música activaba La explicación a este fenómeno podría estar en cómo ha evolucionado nuestro cerebro, que tiene una gran capacidad para predecir lo que va a ocurrir y así poder anticiparse. En este sentido, una música con un patrón rítmico tan marcado como el reguetón resulta más predecible que las complejas estructuras de la música clásica. Esta predictibilidad, según Del Caño, es una de las posibles razones de su éxito a nivel cerebral: "el hecho de que la música sea aparentemente más predecible, pues sí que produce más activación". Aunque la cultura y el entorno condicionan la respuesta cerebral, la neurocientífica ha defendido la importancia de no centrarse en un solo género y aprovechar la riqueza musical actual. "Tenemos todo un abanico de opciones y lo fabuloso es conocerlas todas para poder elegir", ha afirmado. Este género, nacido en Panamá a finales de los 80 como una mezcla de reggae, hip hop y dancehall, y popularizado desde Puerto Rico, demuestra así tener un impacto único en nuestro cerebro, más allá de gustos personales.