En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, el colectivo ARTECOR Monegros ha presentado su nueva exposición inclusiva, "La huella de Bayeu’" que se inaugura en la Cartuja de las Fuentes. Este proyecto artístico no solo pone de manifiesto el talento de sus miembros, sino que también reivindica la inclusión y la igualdad a través de la expresión creativa, dando voz y visibilidad a un grupo de artistas con capacidades diversas que han encontrado en el arte una forma de unión y desarrollo personal y colectivo. ARTECOR Monegros, cuyo nombre significa ‘Arte con Corazón’, es una asociación profundamente arraigada en el territorio de Los Monegros. Su responsable, Antonio Puyol, explica que el colectivo está compuesto por “personas con una diversidad muy amplia”. En él se integran jóvenes con síndrome de Down y otras dificultades, jubilados y gente de mediana edad. “Cabemos todos”, afirma Puyol, que subraya el objetivo de crear “un amplio abanico donde tengamos sitio absolutamente todos los que nos movemos en esa dirección de la inclusión y de la igualdad”. La asociación, que cuenta actualmente con unas 20 personas como miembros y otro grupo similar de colaboradores, funciona como un punto de encuentro para canalizar la creatividad. Además de la pintura, el colectivo desarrolla otras líneas de trabajo, como la restauración de mueble antiguo y la creación de juegos inclusivos en madera, colaborando con importantes entidades e instituciones que apoyan su misión. El proyecto nació con el fin de ser un nexo de unión a través del arte, generando ideas y proyectos que refuercen los lazos comunitarios. La exposición ‘La huella de Bayeu’ representa la fusión de dos realidades emblemáticas de Los Monegros. Por un lado, el color de sus tierras y, por otro, el legado artístico de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. En este monasterio, el pintor Manuel Bayeu, cuñado de Goya, dejó la mayor extensión de pintura mural barroca de Aragón, con cerca de 2.500 metros cuadrados. “Hemos querido unir las dos cosas”, señala Puyol, explicando cómo esa inspiración se ha trasladado a la obra principal de la muestra. La obra se ha concebido como un gran lienzo de tres por dos metros trabajado de forma conjunta por todo el grupo. Una vez finalizado, se ha dividido en seis lienzos individuales de un metro por un metro para su exposición. Este formato no solo facilita su montaje en la Cartuja, sino que responde a la “vocación itinerante” del proyecto, que busca llevar el arte a pueblos pequeños que lo soliciten y así democratizar el acceso a la cultura. Para las participantes, el taller es mucho más que un espacio de creación. Loreto Peirón, vicepresidenta de la asociación, confiesa sentir “un poco de nervios” ante la inauguración, pero asegura que “está muy bien”. Para ella y sus compañeras, el taller, al que acuden tres días por semana, “es una casa para nosotros”. Esta sensación de pertenencia es clave en la labor del colectivo. Loreto también explica que, además de pintar, se dedican a la restauración y a la elaboración de regalos personalizados, como copas de vidrio grabadas para bodas. Su compañera Lidia comparte ese entusiasmo. Cuando se le pregunta qué siente al estar en el taller, su respuesta es directa y emotiva: “Para mí, en el taller de ARTECOR, yo me siento muy bien, me gusta mucho”. Este sentimiento de bienestar y satisfacción se extiende a todo el grupo ante la exposición. “Estamos todos contentos para prepararlo todo para mañana”, añade con ilusión, consciente de la importancia del evento. Para ellas, la inauguración será “un gran día”, una oportunidad para mostrar el fruto de su trabajo y esfuerzo colectivo.