Un estudio demuestra que las bolsitas de infusión liberan hasta mil millones de partículas de plástico

Lo cierto es que en España no somos el país más «tetero» del mundo, pero raro es el hogar donde no hay una caja de manzanilla o poleo-menta guardada en el armario. Es esa infusión que sacamos de vez en cuando y a la que no solemos prestar demasiada atención más allá de si está lo suficientemente caliente. Sin embargo, un análisis de 19 estudios científicos publicado en la revista Food Chemistry ha puesto el foco en algo que flota en tu taza y que no son precisamente hierbas: partículas microscópicas de plástico . El estudio lo deja bastante claro. Mientras nosotros esperamos a que la bolsa suelte el sabor, el material que la envuelve podría estar liberando hasta mil millones de partículas directamente en el agua. No es una cifra al azar, sino que es el resultado probado por el estudio tras observar qué ocurre cuando ciertos materiales sintéticos entran en contacto con el agua casi hirviendo. Cuando coges una bolsita de infusión, el tacto te dice que es papel, pero la realidad industrial es otra. Para que la bolsa no se rompa al mojarla o para que los bordes se mantengan pegados sin usar grapas, se suelen utilizar polímeros plásticos. Al verter agua a 90°C o 100°C sobre ella, esos plásticos se degradan y desprenden microplásticos (visibles con microscopio) y nanoplásticos, que son tan diminutos que atraviesan casi cualquier barrera. Dependiendo del diseño de la bolsa, el riesgo cambia: Es lógico que, al leer estas cifras, nos preguntemos si nos estamos intoxicando. La realidad es que todavía no lo sabemos con certeza. Estos estudios se encuentran aún en una fase de observación y, de momento, no hay pruebas clínicas en humanos que vinculen directamente estas partículas con una enfermedad inmediata. Aunque en principio no parezca que afecte muy gravemente a la salud, la presencia de plástico en la dieta es algo que preocupa cada vez más a los investigadores. Lo que sí se ha comprobado en laboratorios es que estos plásticos no vienen solos. Suelen traer «compañeros» químicos, como bisfenoles o plastificantes , que se usan para dar flexibilidad al material de la bolsa. En pruebas con microorganismos y células intestinales, se ha visto que estas partículas pueden ser absorbidas por las células, aunque los tests de corta duración no han mostrado una toxicidad fulminante. Aun así, la recomendación de los expertos es que cuanta menos exposición innecesaria haya, mejor. Si te gusta disfrutar de una infusión de vez en cuando pero no quieres beber plástico, la solución es volver a lo básico. No hace falta dejar de tomar infusiones, solo cambiar el formato. Al final, se trata de ser un poco más conscientes de lo que metemos en la taza. Un pequeño cambio en el hábito de compra es suficiente para disfrutar de tu infusión sin añadir residuos invisibles al organismo.