Para mucha gente, el momento de la ducha es sagrado. Es ese momento al final o al principio del día donde puedes relajarte debajo del chorro de agua caliente, a veces durante media hora o más. Es un placer, sí, pero resulta que ese hábito tan arraigado podría estar pasándole factura a tu salud, y más concretamente, a tu piel. No se trata solo de higiene, sino de no cargarnos las defensas naturales de nuestro cuerpo. La doctora Sara Marín Berbell, médica especializada en microbiota y salud femenina, y conocida en Instagram como @uncafecontudoctora , ha hablado sobre este tema en uno de sus últimos vídeos y no ha podido ser más clara: «Te estás duchando mal y no lo sabes» . Según la experta, pequeños gestos que hacemos casi sin pensar están dañando la barrera cutánea y alterando el delicado equilibrio de microorganismos que nos protegen. Este es, probablemente, el error que más nos cuesta admitir. Estar agusto durante un rato bajo el agua caliente es una tentación, pero la doctora Marín explica que es una combinación fatal para la piel. Aunque bromea con la temperatura del agua cuando dice que nos damos las duchas «a 500 grados», deja claro que el calor excesivo y el tiempo prolongado actúan como un agresor de nuestra piel. Marín señala que ese agua tan caliente, tanto rato, «te seca e irrita la piel y te puede llevar a dermatitis» . El calor extremo disuelve los aceites naturales que la piel produce para mantenerse hidratada y protegida. Si a esto le sumas más de 10 minutos de exposición, estás dejando tu piel totalmente «desnuda» frente a agresiones externas, sequedad extrema e incluso brotes de eczemas. La recomendación de la experta es tomar duchas de menos de 10 minutos y con el agua «un poco más templada». Otro hábito muy extendido que la doctora Marín desmonta es el uso de la esponja para frotarse. Muchas personas sienten que si no se frotan con fuerza, no se están limpiando bien. Error. La experta advierte que frotarse la piel es uno de los fallos más frecuentes y dañinos. La explicación es que la piel no es una superficie inerte que haya que pulir, sino que tiene su propio microbioma (bacterias «buenas») y una barrera lipídica (de grasa) que la protege. Al frotar con fuerza, especialmente con esponjas que pueden acumular bacterias y ser demasiado abrasivas, «te puedes cargar ese microbioma» . Al dañar esta barrera natural, la piel se vuelve más sensible, se irrita con facilidad y es más propensa a infecciones y alergias. El mensaje es claro, «fuera esponja». A veces pensamos que «cuanto más jabón y más espuma, mejor», pero la doctora Marín nos recuerda que «no necesitamos tanto jabón» . Nuestra piel tiene mecanismos propios para limpiarse cada día y el abuso de geles y jabones convencionales acaba con esos aceites esenciales protectores. El consejo de la especialista es simplificar y, como ella misma dice en broma, a menos que te hayas «rebozado en una piscina de barro», el jabón únicamente es necesario en zonas específicas como las axilas, los pies y las zonas íntimas . El resto del cuerpo puede limpiarse perfectamente solo con el agua que cae, preservando así su hidratación y sus defensas naturales. En definitiva, teniendo en cuenta estos errores que se suelen cometer a la hora de ducharse, la doctora Sara Marín Berbell propone seguir la siguiente rutina: