En el corazón de Pasaia, en el número 53 de la calle Eskalantegi de Antxo, existe un lugar que es mucho más que un servicio de atención diurna para personas mayores de 60 años: es un puente entre el ciudadano y la comunidad. Se trata de Finiren Txokoa, un centro que acoge a personas que empiezan a sentir la fragilidad, la soledad o una dependencia moderada. Su origen es tan bonito como poco frecuente, ya que este espacio existe gracias a la herencia de Fini Rubio, una mujer con una clara mirada social que dejó por escrito su deseo de que su patrimonio de casi un millón de euros, sirviera para cuidar a las personas mayores. El centro, que funciona desde febrero y cuenta ya con una veintena de usuarios, se ha convertido en un punto de encuentro para socializar, disfrutar y, en definitiva, prevenir antes de que la dependencia se haga cuesta arriba. El lema del centro, "prevenir antes de la dependencia, no estar solo", resume su filosofía. Irati Gartziarena, coordinadora y dinamizadora de Finiren Txokoa, explica que el objetivo principal es "promover las relaciones sociales, el ver que todavía podemos formar parte de la comunidad y que servimos además para ello". Se trata de un espacio pensado para un perfil de personas en torno a los 80 años que, aunque cognitivamente están muy bien, buscan mantenerse activos y, sobre todo, evitar la soledad no deseada. Gartziarena destaca que la iniciativa ha tenido una "acogida espectacular" entre los vecinos de Pasaia. La respuesta de los usuarios ha disipado cualquier recelo inicial. Según la coordinadora, "al principio lo que se miraba un poco con miedo, ese clásico miedo de centro de día, pues, ha desaparecido completamente". Ahora, la gente acude "encantada" y con la sensación de ir a pasar el día de la forma más activa posible. El centro opera en dos turnos, de mañana (10:00 a 13:00 horas) y de tarde (15:30 a 18:30 horas), y los usuarios pueden elegir si asisten todos los días o solo algunos, aunque las plazas ya son muy limitadas. Este espacio se ha convertido en un catalizador para que personas que "se saludaban tímidamente" en la calle ahora estén "haciendo mucha amistad". El cambio en la vida de los usuarios y sus familias es palpable. Maite, hija de una usuaria de 92 años que también se llama Maite, relata con emoción el impacto del centro en su madre. Aunque al principio ella y su hermana se mostraron "un poco reacias", la transformación ha sido evidente. "Veo a mi madre más activa, más motivada", afirma. "Planifica lo que tiene que hacer para acudir todos los días al centro", ha recuperado el interés por la lectura y disfruta de las manualidades y la pintura. Para la madre de Maite, acudir a Finiren Txokoa es "como cuando ibas al colegio". Ha establecido nuevas relaciones con gente que conocía de vista pero con la que nunca había hablado. "Hablan, se conocen, se saludan en la calle y se ayudan cuando van a salir, una le da el abrigo a la otra", describe Maite. Esta nueva rutina y compañía no solo han mejorado la autonomía de su madre, sino que también han traído una gran tranquilidad a la familia. "Estamos contentas, muy contentas", concluye. La misma sensación la comparten los propios usuarios. Arantxa y José Antonio, un matrimonio que acude al centro desde el primer día, son el reflejo de esta nueva etapa. Para Arantxa, Finiren Txokoa supone "ilusión, alegría, ganas de acudir". Destaca la importancia de las nuevas amistades: "Encontramos gente, personas que las conocemos de vista, pero nunca hemos charlado, nunca hemos hablado. Y aquí charlamos de todo lo habido y por haber". José Antonio lo vive "con mucha alegría" y celebra poder compartir la experiencia con su mujer. Arantxa describe la variedad de actividades con entusiasmo: "Hacemos de todo y no hacemos de nada". Desde ejercicios para la mente como el Pasapalabra hasta gimnasia suave con música de fondo, pasando por talleres de pintura o la lectura comentada de un libro. El centro también es "una ventana abierta a la comunidad", con charlas y visitas de agentes externos, como un músico o un experto en arte románico. Para ellos, la asistencia se ha convertido en una parte fundamental de su rutina. Tanto los usuarios como sus familiares son conscientes de que esta oportunidad única se la deben a Fini Rubio. Su generosidad es un tema recurrente de conversación y agradecimiento en el centro. "Fue una excepción, porque no creo que haya muchas personas como ella en ese aspecto", comenta uno de los rfesidentes. José Antonio la define como "una mujer con mucha profunda conciencia social". El legado de Fini Rubio no se limita a Pasaia, sino que también benefició a otros municipios como Hernani, Renteria y Andoain, demostrando su firme compromiso con el bienestar de los mayores. Los propios protagonistas desean que pudiera haber visto el bien que ha generado su iniciativa. "Soñaba con ello", reflexiona un usuario. Finiren Txokoa no es solo un lugar para cuidar y acompañar, sino un espacio lleno de inquietud y alegría contagiosa. Y en el centro de todo, dinamizando cada actividad, se encuentra Irati, a quien los usuarios ya ven como una pieza fundamental. "Tenemos que agradecer a Fini el centro que tenemos, y a Irati, que es una monitora estupenda", concluye Arantxa.