El brote de enfermedad meningocócica invasiva detectado en Kent, Inglaterra, que ya se cobró la vida de dos personas, ha alcanzado este viernes los 29 casos, según la actualización de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA). A esa dimensión clínica se ha sumado, en cuestión de días, una reacción social y sanitaria que ha desbordado el ámbito local, con largas colas en los centros de vacunación de Kent, miles de dosis de antibióticos y de vacunas administradas en una campaña de contención de emergencia y, al mismo tiempo, una demanda disparada en las farmacias privadas del resto del país, donde cadenas como Boots y Superdrug han activado listas de espera y alertas por suministro limitado. Las autoridades han evitado confirmar si el brote ha alcanzado ya su pico. El director de Salud Pública de Kent, Anjan Ghosh, ha sostenido que es «demasiado pronto para afirmarlo», tanto cuando se le preguntó si la transmisión está ya contenida como cuando se le ha planteó si este episodio obliga a revisar de inmediato la política nacional de vacunación frente a Meningitis B. Ese margen de incertidumbre se refleja en los tres escenarios con los que trabajan los responsables del seguimiento. El primero contempla que el brote quede contenido dentro de Kent; el segundo, que es el que las autoridades describen como más probable, parte de la hipótesis de que algunas personas expuestas abandonaran la zona de Canterbury durante el período de incubación y que de ahí surjan pequeños grupos de casos en otras localidades; y el tercero, definido como el peor escenario y al mismo tiempo como altamente improbable, abriría la puerta a un nuevo foco de transmisión relevante fuera de Kent. Para las autoridades, aunque el núcleo inicial está localizado, la movilidad de una población universitaria que se desplaza entre residencias, domicilios familiares y otras ciudades, impide dar por clausurada la cadena de contagios. El brote sitúa su epicentro en el Club Chemistry, un local nocturno de Canterbury. La recomendación sanitaria de vigilancia y vacunación está vigente para quienes acudieron al local entre el 5 y el 15 de marzo. Así, las autoridades sanitarias han ordenado una campaña urgente de vacunación y profilaxis antibiótica para los grupos considerados de riesgo por su exposición durante el brote: estudiantes y personal de la Universidad de Kent, determinados contactos de otras instituciones educativas de Canterbury y asistentes al Club Chemistry en el período identificado. Además, la red sanitaria británica ha indicado a los médicos de familia del resto del país que tramiten la vacunación y los antibióticos de quienes formen parte de esos colectivos y hayan regresado a las viviendas familiares fuera de Kent. Sobre el terreno, esa operación ha producido escenas de alta presión asistencial. En Canterbury, Ashford y otros puntos habilitados de forma extraordinaria, centenares de jóvenes han esperado durante horas para recibir la vacuna o los antibióticos. Los organizadores han llegado a cerrar la cola en algunos momentos porque el problema no era la inexistencia de dosis en los centros del NHS, sino el número de profesionales disponibles para administrar con seguridad el volumen de vacunas requerido. Hasta la mañana de este viernes, ya se han administrado 2.360 vacunas y casi 10.000 tratamientos antibióticos. Las autoridades sanitarias locales explicaron que disponen de miles de dosis y que han solicitado lotes adicionales. Pero el brote ha desencadenado una oleada de peticiones de la vacuna MenB en farmacias privadas de todo el Reino Unido, especialmente entre adolescentes, jóvenes adultos y familias de estudiantes universitarios, lo que ha provocado que se agoten en muchas de ellas, que ya han implementado listas de espera. La raíz de esa ansiedad colectiva está en una brecha previa del sistema de vacunación británico. La vacuna MenB se incorporó al calendario rutinario del NHS para bebés en 2015, de modo que la mayoría de los adolescentes y universitarios actuales, una población que figura entre las de mayor riesgo por sus pautas de convivencia y de contacto estrecho, no la recibieron en la infancia, salvo que sus familias la solicitaran fuera del sistema público. Al mismo tiempo, el Reino Unido mantiene para adolescentes la vacuna MenACWY, que protege frente a otros serogrupos, no frente a MenB. La presión para revisar esa política se ha intensificado tras la muerte de Juliette Kenny, de 18 años, una de las dos víctimas mortales confirmadas. En un comunicado difundido por la familia este viernes, su padre, Michael Kenny, describió a su hija como una joven «en forma, sana y fuerte» poco antes de enfermar, y añadió que «ninguna familia debería experimentar este dolor y esta tragedia». En otro pasaje del mismo texto sostuvo que «esto se puede evitar» y reclamó que la muerte de Juliette se traduzca en «un cambio duradero». La familia ha pedido, junto con organizaciones de pacientes, que la vacuna esté disponible de forma rutinaria para adolescentes y jóvenes. Por otro lado, la investigación microbiológica ha aportado un dato relevante para la estrategia de contención. La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) comunicó que el análisis genético inicial del meningococo aislado durante este brote indica que la vacuna Bexsero, la que se administra en Kent, «debería proporcionar protección» frente a la cepa identificada.