El Palacio de La Moncloa se empezaba a llenar de periodistas y cámaras este viernes en torno a las diez de la mañana, cuando los ministros todavía no se habían ni sentado en el Consejo extraordinario, que ha empezado con más de dos horas de retraso, y del que ha salido, además de 80 medidas para paliar los efectos económicos de la guerra en Oriente Próximo, la certeza de que la alianza entre el PSOE y Sumar no es, ni mucho menos, inmortal. Nada más abrir sus puertas el complejo presidencial, quedaba más que claro: los ministros de Sumar bloqueaban el Consejo de Ministros para chantajear a los socialistas, en una suerte de ultimátum para incluir las medidas en materia de vivienda que proponían las izquierdas. Lo de siempre, lo de la manta que no cubre a todos, y que si intentas tapar con ella un lado de la cama destapas el otro. Las matemáticas del Congreso en el que el Gobierno, según Pedro Sánchez, "a día de hoy" -tras casi tres años de legislatura- no tiene mayoría para aprobarlo todo. El jueves, a menos de 24 horas del Consejo de Ministros, el ministro Félix Bolaños volvía a coger el teléfono. La negociación con casi todos -porque en Bambú sigue sin haber cobertura- resultaba en una información de la Cadena SER que hacía tambalearse los cimientos de La Moncloa, donde entre los presentes se llegaba a bromear con la fecha de las elecciones generales: el decreto incluiría lo que quería el PP, las rebajas de impuestos. El PSOE daba de lado así a las izquierdas y miraba esta vez a su derecha, tratando de contentar a PNV y Junts. Lo que ha seguido durante la mañana de este viernes perfectamente se podría definir como el acuerdo de Schrödinger. Al igual que el gato que está al mismo tiempo vivo y muerto, los ministros de Sumar estaban al mismo tiempo en rebeldía y sentados a la mesa. El Consejo de Ministros había empezado, y a la vez seguía a la espera de que Sánchez y Díaz salieran de discutir en el despacho del presidente mientras el resto esperaban en la sala contigua. Las frases "hay un acuerdo" y "están reunidos, pero no hay acuerdo" resonaban exactamente al mismo tiempo en la sala de prensa de Moncloa, donde todo dependía de a quién se le preguntara por el estado del gato. El "salseo" se solventa con dos decretos En apenas treinta minutos desde las 11 de la mañana, han sobrevolado por allí todas las versiones posibles, que finalmente han convergido en el punto inicial: Sánchez iba a comparecer para anunciar un "escudo social" contra los efectos de la guerra, solo que con más de dos horas de retraso y con las medidas divididas en dos decretos. Después de una mañana de caos, el presidente ha dado su rueda de prensa, prevista a partir de las 11, a la hora de decir "buenas tardes". Sánchez ha terminado de apaciguar la cascada de WhatsApps...