No habían pasado 48 horas desde que las primeras bombas estadounidenses e israelíes cayeran en Teherán y la mayor parte de las gasolineras navarras ya había subido sus precios de manera contundente. Subida preventiva, dirían algunos; es el mercado, amigo; valorarían otros. La realidad: captura de márgenes pura y dura con el único objetivo de exprimir al máximo una coyuntura económica que amenaza con complicarse al calor de las explosiones de Oriente Próximo.