La compañía Estigma teatro vuelve a traer a Córdoba el espectáculo en el que tres inadaptadas se sacan los demonios a base de humor y catarsis feminista Tres chicas de la periferia, literal e imaginada. Tres invitaciones a bailes que no llegan. Tres paradas en la puerta de la fiesta. Tres mujeres a las que el espejo les devuelve un reflejo con el que no siempre se llevan bien. Tres actrices, un escenario, y un texto que, aunque tiene ya cuatro años, sigue siendo absolutamente vigente. Son Las Mortero, el proyecto escénico formado por Nieves Pedraza (autora y directora), que regresa a Córdoba tras varios años de ausencia con su espectáculo homónimo, acompañada en esta ocasión por Auxi Jiménez y Nuria Vicent. La cita será este sábado 21 de marzo a las 21:00 en el Teatro de la Escuela Superior de Arte Dramático – Sala Duque de Rivas, un espacio que no es cualquiera para la compañía, ya que todas las actrices estudiaron interpretación allí mismo, en los mismos patios y escaleras en los que ahora posan para los focos. Volver a “casa” tiene algo de reencuentro y también de vértigo. “Estamos muy nerviosas, claro”, reconocen Nieves, Auxi y Nuria, sentadas en un sofá de la primera planta del edificio, cuna de muchos actores y dramaturgos que, como Pedraza, han hecho las maletas para trabajar lejos de Córdoba. Se las ve felices. “Jugamos en casa y llevábamos mucho tiempo sin hacerlo. Tres, cuatro años”, dice la autora de la pieza, mientras Auxi recuerda que la hicieron en Córdoba un par de veces más: en el Teatro Góngora y en la Sala Orive. En ese tiempo, la obra no ha dejado de moverse. Ha girado, ha cambiado de elenco, ha mutado. Y, como ellas mismas explican, no podría ser de otra forma: Las mortero , la obra, es una pieza viva. “La dramaturgia base es la misma, pero yo concibo las producciones como algo en movimiento”, explica Pedraza. “Estoy dentro como elemento activo y lo cambio todo el rato. Incluso cinco minutos antes de salir a escena”. Ese impulso —casi orgánico— ha ido sedimentando una obra que hoy tiene más capas, más peso, más memoria. Porque Las Mortero habla, en esencia, de eso: de la juventud. O, más bien, de lo que queda de ella. “La juventud es ese algo que no va a volver, pero que está ahí presente todo el rato”, dicen. “Donde estás ahora es por quien fuiste. Es un eco constante”, apostilla Nuria Vicent. Entrevista a Las Mortero La nostalgia como motor Lejos de una mirada idealizada, la obra nace de una relación compleja con el pasado. “Para mí no es tanto la juventud, es la nostalgia. He sido muy de regocijarme en el error, en cómo me han tratado, en reflexionar si tomé decisiones correctas”, cuenta Pedraza, autora de un ejercicio de memoria que no es solo íntimo: también es político. Las Mortero se adentra en la adolescencia como territorio de construcción —y de violencia—, donde la necesidad de pertenecer lo atraviesa todo. “Estar pensando en el grupo, en ocupar espacio, en ser aceptada, en que te inviten… eso estaba todo el rato presente”, recuerda Auxi Jiménez, que sí que coincidió con Pedraza en la ESAD, recién salidas del ecosistema asfixiante que podía ser un instituto de barrio en los años 90. Tres décadas después, la pregunta es inevitable: ¿ha cambiado algo? “No tenemos tanto contacto con la juventud actual, pero probablemente los problemas de aislamiento, la necesidad de atención, todo eso se ha hecho más potente”, reflexionan. Y aparece entonces una comparación generacional que atraviesa toda la conversación: los años 90 frente al presente. Pedraza sí se considera afortunada de haber tenido una adolescencia sin móviles. “Para nosotras habría sido aterrador”, piensa en alto. Nuria añade que la presión hoy es doble: la del bombardeo constante y la de la invisibilidad. “Puedes no ser atacado, pero sí apartado. Pero es que, encima, estás viendo todo el rato la vida de los demás”. Al final, el humor lo que pretende es trascender una tragedia La estética y las afueras Si hay un terreno donde esa presión se ha recrudecido —y donde la obra pone el foco con especial claridad— es en la relación con el cuerpo. La autora es bastante clara: “En los 90 vivíamos muy bien, y ser joven entonces creo que era mejor, pero para el cuerpo fue un horror. La violencia estética de aquellos años era tremenda. Hace poco vi fotos de esa época, con amigas todas hiperdelgadas, algunas con TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria). Y yo, con un cuerpo normal, me sentía un bicho raro”, dice sin rodeos. Auxi Jiménez recuerda los años de las supermodelos, la hipersexualización de los años 2000: “El canon era rígido, violento, omnipresente. Había bulimia, anorexia… Y teníamos referentes muy fuertes. Ponían documentales de anoréxicas en la tele… eso era una bomba de relojería”. Nuria Vicent apuntala la idea de que aquella violencia estética no ha desaparecido; simplemente ha mutado. Entrevista a Las Mortero “Ahora se conoce el discurso, las consecuencias… pero eso continúa ahí. Incluso se exige más. De hecho, se ha virado a la esfera de los cuidados. El cuidado personal ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación casi moral. Ahora, si no te cuidas, parece que no te quieres”, reflexiona la intérprete. De hecho, las tres casi se ríen al contar que eso ya no solo afecta a las mujeres. “También está entrando muy fuerte en los hombres, incluso en los niños. Y todo está monetizado: el autocuidado, la casa, la imagen”. En Las Mortero hay otra palabra clave: “las afueras”. No se subraya, no se explica en exceso, pero atraviesa la pieza como una intuición constante. La periferia como punto de partida. “Es estar fuera del centro, económica y socialmente”, resume Pedraza, que apunta que ser del extrarradio no es solo una cuestión geográfica, sino también simbólica. “Es algo que te marca”. Esa tensión entre dentro y fuera, entre pertenecer y quedarse al margen, conecta directamente con la experiencia adolescente que la obra revisita. Y también con la precariedad de una generación que, como apuntan, solo disponían de los estudios como capital social. “Vivir fuera ha sido una de mis cuestiones claves en el colegio y en mi desarrollo”, cuenta Vicent. El cuidado personal ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación casi moral El humor como exorcismo Pese a la densidad de los temas, en Las Mortero brilla el humor. O, más bien, utiliza el humor como dispositivo para atravesar los traumas. “Con el humor puedes decir muchas cosas que de otra forma no dirías”, explican. ¿Pero todo vale? Hay una ética clara en su planteamiento: “Al final, el humor lo que pretende es trascender una tragedia”, apunta Vicent. Pedraza dice que la clave está en el pedestal desde el que se hace: “No haríamos humor hacia abajo”. En ese sentido, el contexto actual no es sencillo. Auxi Jiménez menciona a la concejala que hace unas semanas detuvo un espectáculo porque no era de su gusto: “Hay un poco de supremacía de poder ahí. E incluso, cuando pasan esas cosas, también pienso desde el punto de vista de la dramaturgia, en qué situación yo me subiría a un escenario a parar algo. Entrevista a Las Mortero Las tres perciben una mayor tensión, un clima más susceptible, mucha mayor autocensura o, cuanto menos, una necesidad de afinar el tiro. “La gente está muy nerviosa. Es verdad que antes hacíamos cosas más directas y ahora intentamos hilar más fino, pero también que antes éramos más jóvenes”, reconocen. La conversación desemboca, inevitablemente, en la cuestión de género dentro de la comedia. Y aquí la respuesta es inmediata. “Claro que es más difícil ser cómica que cómico”. Explican las tres que la diferencia no está solo en las oportunidades, sino en el margen de error. Mientras Auxi Jiménez recalca que muchas monologuistas han masculinizado sus espectáculos para llegar a más público, Pedraza anota que eso ocurre porque a los hombres se les abren las puertas de los teatros desde la mediocridad, mientras que a muchas mujeres solo se les permite entrar desde la brillantez absoluta“. Vicent recuerda los nueve años que pasó haciendo improvisación y en los que las dos personas más dotadas eran mujeres y, a pesar de ser las mejores, han acabado totalmente fuera de los focos. Frente a eso, Las Mortero insisten, solo que trabajar. Desde la escena, desde el cuerpo, desde la memoria. Con humor, pero sin complacencia. Este sábado, en Córdoba, ese eco volverá a escucharse. Porque la juventud, como dicen ellas, ni vuelve ni se va del todo. Entrevista a Las Mortero