La octogenaria Organización de las Naciones Unidas ha cumplido con el objetivo de prevenir futuros conflictos, mantener la paz y seguridad internacional, y fomentar la cooperación entre naciones con no pocos fracasos y numerosos vetos de las potencias nucleares presentes en el Consejo de Seguridad. La ONU y sus homólogas de ámbito continental también han servido de lugar de encuentro no solo en caso de posibles conflictos, sino también para el establecimiento de normas internacionales desde pesca, transporte hasta uso del espacio. Con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico se fueron creando también otras organizaciones especializadas como la de los refugiados. Aun así, se crearon en paralelo el G-7, o G-8, con Rusia; el G-20; los BRICS -Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica- a los que se han unido recientemente Egipto, Etiopia, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (UAE), e Indonesia. En definitiva, se ha ido ampliando o se han creado paralelamente nuevas organizaciones ante la dificultad de acometer una reforma en profundidad que cree un organismo de gobierno y seguridad internacional, eliminando o sustituyendo por otro mecanismo, el actual derecho a veto. Y en eso llegó Trump para terminar de arreglarlo. EE. UU. desde entonces ha abandonado el acuerdo contra el cambio climático, numerosos organismos de Naciones Unidas y ha reducido sus cuotas a la organización. La guinda fue enviar a su esposa, Melania Trump, a presidir el Consejo de Seguridad y crear un Consejo paralelo de taifas al que llama Junta de Paz.