José Antonio Rodríguez apura sus últimas horas antes de ponerse delante de toda Sevilla para pronunciar el Pregón de la Semana Santa. Desde que fue nombrado para el cargo, el periodista y colaborador de ABC no ha descansado en un frenesí de escribir y asistir a distintos actos de hermandades, tertulias y grupos de personas que han querido acompañarlo en su camino hasta el atril del Teatro de la Maestranza. Ahora que llega la hora de la verdad, recibe a este periódico en su casa en el barrio de Triana para hablar de los pormenores del pregón. —Es una cara pública y reconocida en Sevilla, especialmente en el mundo de las cofradías. ¿Cree que eso ha influido en cómo se ha volcado la gente desde el momento de la designación? —Ayuda haber estado durante una década presentando un programa de televisión, desde hace 17 años estar hablando en El Llamador y haber escrito mucho en Pasión en Sevilla y ABC. Claro, todo eso te pone en un escaparate y la gente te reconoce. Además la gente le tenía mucho cariño al producto televisivo que nosotros hacíamos y nunca entendió por qué desapareció, que fue por una mala gestión empresarial. Creo que hay un sentimiento de nostalgia entre la gente por ese programa que dejó de ver de la noche a la mañana en la tele casi sin despedirse. Ese cariño lo estoy notando, y la expectación que hay me da mucha alegría, pero también me abruma. —Últimamente cada vez son más los periodistas encargados de dar el pregón, algo muy distinto de lo que ocurría hace décadas. —El Consejo se ha dado cuenta de que es bueno contar de forma recurrente con personas que están acostumbradas a trabajar con las palabras. A mí el Pregón de la Semana Santa que más me ha gustado lo dio un médico, es decir, ser periodista no te homologa para que hagas un pregón estupendo, pero sí es verdad que estamos acostumbrados a relacionarnos con las palabras y a expresarlas en público. Pero bueno, el pregón, como la Semana Santa propia, es poliédrico. Yo creo que cabe todo el mundo y y estoy seguro de que seguirán rotando entre otras profesiones. —Dicen que lo mucho cansa. ¿Qué duración va a tener el pregón? —Me obsesiona muchísimo la duración. Cuando me lo encargaron, dije que iba a intentar hacer uno de los pregones más cortos que se han dado, porque soy partidario de que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Quería estar en la hora y cuarto y hacerlo cortito, porque el pregón tiene una media de hora y media. Pero cuando empecé a escribir por las hermandades de mi familia, mi infancia, mi pueblo, la Esperanza de Triana, el Gran Poder y la Macarena. cuando empecé a a configurar los ingredientes esenciales del pregón, ya llevaba hora y media escrita, y me quedaba toda la Semana Santa. La primera versión han sido como dos horas y cuarto, pero después la he recortado y ahora mismo está en la hora y media aproximadamente. Todo el mundo puede estar tranquilo. Y sobre todo, me preocupa también que sea un pregón muy rítmico, es decir, que sea un pregón en el que cada tres o cuatro minutos estemos cambiando de tema, con muchos microcapítulos, veintitantos. Los pregones normalmente tienen diez, 12 o 15 capítulos. —¿Cuándo terminó de escribirse el pregón y cuántas versiones ha tenido? —Cada vez que me he sentado a escribir el pregón ha tenido una versión nueva, sobre todo porque me horrorizaba perderlo como he perdido algún documento importante en el que estaba trabajando. Me he ido guardando el pregón en muchos sitios, en la nube, en WhatsApp, por correo electrónico, lo imprimía... Me daba pánico. Pero terminé el pregón hace un mes y pico. La imprenta te exige tenerlo un mes antes de que lo pronuncies, aunque he podido ir corrigiendo algunas cosas. —El formato del pregón ha cambiado muy poco en toda su trayectoria y da relativamente poco margen a la a la creatividad. ¿Tiene prevista alguna sorpresa que se salga de ese guion? —Bueno, a mí me hubiera encantado hacer un pregón con los medios tecnológicos con los que yo he trabajado en otros tipo de eventos. Pero también entiendo que el pregón tiene un formato y que igual el atractivo del pregón es que todos los pregoneros hayamos tenido los mismos recursos para conmover o para anunciar la Semana Santa, que es un atril, un micrófono y Sevilla. Es verdad que hay pasajes que me hubiera gustado acompañar de alguna imagen, pero me he adaptado a lo que hay dentro de eso. He intentado innovar o hacer las cosas con cierta frescura: el lenguaje, la forma de dirigirme, incluso la actitud y el lenguaje corporal. No es que lo lleve todo hiperensayado, pero sí soy consciente de que la mitad del pregón es cómo lo digas. No sólo se trata de tener un texto aceptable, sino que también hay que ser capaz de comunicar. He trabajado mucho la voz, por ejemplo, que me daba pánico perderla. —Ha comentado en más de una ocasión el vínculo entre su nombramiento como pregonero y la misión de la Esperanza de Triana, que va a estar presente a través de la marcha que ha elegido. —Sí. Yo siempre digo que mi pregón será mejor o peor, pero que ningún pregonero ha tenido una ceremonia de nombramiento tan bonita como la que yo tuve, porque me nombraron pregonero y justo después salió la Esperanza de Triana comenzando la misión. La satisfacción de que tu imagen esté en la calle el día que te designan pregonero ha sido mágica. Yo considero que el pregón ha sido un regalo de la Esperanza, no me cabe ninguna duda. La misión tenía que estar presente. —Dicen que la que la duración de la marcha 'Amarguras' es capaz de poner nerviosos incluso a los pregoneros más tranquilos al interpretarse justo antes de hablar. —Sí, todos los pregoneros me dicen que con 'Amarguras' se pasa fatal. Yo incluso soy partidario de que se cambie el orden, es decir, que la marcha que abra el acto sea 'Amarguras' como himno de la Semana Santa, y la que vaya inmediatamente antes del pregonero sea la marcha que él ha elegido, un poco para para venirse arriba y para templar los nervios. Pero bueno, ni lo he propuesto. Entiendo que el ceremonial es ese y lo respeto. —¿Qué tiene programado el pregonero para hacer en su agenda este domingo de Pasión desde que se levante hasta que le toque ponerse frente al atril? —Pretendo que sea una agenda muy sencilla. Creo que será salir de mi casa e ir a la Esperanza de Triana, donde en cuyo palio va a dormir el pregón, en su manto. A partir de ahí, iré a las Aguas, porque hay tradición de que el pregonero vaya a la capilla del Dos de Mayo para que se le entregue un pañuelo, y ya después iré al teatro. Eso es lo que haré. —¿Qué expectativas tiene para la próxima Semana Santa? Dicen que es la más especial para cualquier pregonero. No sé si después de todo lo que ya has vivido en estos meses, cree que Sevilla y la Semana Santa aún le pueden sorprender. —A mí la Semana Santa me gusta trabajarla, Es como yo me conozco la Semana Santa. Recuerdo que el año después del cierre de la televisión, salí a la calle sin mucho que hacer más allá de ver Semana Santa y no me reconocía. De hecho, subí al balcón del Canal Sur y dije: «Dame un micro, que me voy a la calle gratis». Necesitaba el oficio. Creo que esta Semana Santa, con independencia de que cumpla con determinadas hermandades que ya me han invitado a hacer una llamá, o a ver la salida desde dentro, me gustaría trabajar.