La cara B. Otra vez el lado malo, el manso, el inocuo, el que te deja frío, el que surge de forma recurrente sin previo aviso, sin necesidad de tener enfrente a un rival potente. Anoche era el penúltimo. Un equipo de chicos jóvenes liderados por dos talentos de 19 años que, sin hacer alardes, con el brío justo, desnudaron una idea futbolística que solo Mehdi Puch sabe interpretar. El resto la improvisa. Generalmente, mal.