Rudolf Eric Raspe, el barón de Münchhausen y un asado de vaca a lo Salzburgo

Cuando la luz del día reinó, comencé a examinar aquellas frutas tan raras, saqué mi cuchilla y corté a una de ellas una buena rebanada y vi, con asombro, que sabía a carne de vaca asada, con la grasa y la masa bien ligadas, con un sabor delicioso, que comí junto con un pedazo de pan traído de Maragata en mi bolso... Hice una opípara comida y introduje luego la punta de mi cuchilla en otra fruta con apariencia de vejiga y apareció un puro licor semejante a la ginebra holandesa. En realidad no era inferior al más rico vino de las montañas. Me lo tomé todo, y me sentí con nuevas energías…».