Los que Pedro Sánchez llama tecnoligarcas aparecen con insistente asiduidad en los papeles de Jeffrey Epstein -almas negras- y se sientan a manteles a la diestra y a la siniestra de Donald Trump en la Casa Blanca. Son, en la actualidad, los que tienen la sartén por el mango. Dicen que si hoy Elon Musk apagara su Starlink sobre Ucrania la guerra se terminaría mañana. Imaginen por un momento que esta nueva casta de dioses de la tecnología nos cerrara el grifo del correo electrónico, Google, Netflix o los softwares y hardwares que hacen funcionar nuestros ordenadores y teléfonos móviles, además de toda la maquinaria del planeta dependiente de un microchip. El mundo, literalmente, se detendría.