Apretar las tuercas, o las clavijas, es el abecé de los negocios, la política, y probablemente también de los asuntos sentimentales. Es lo que se conoce por presionar, un verbo que está en todas partes, y la razón de que todos estemos muy presionados mientras apretamos tuercas y clavijas como Charlot en Tiempos modernos, porque al parecer nada funciona sin presión. Hasta los entrenadores de fútbol lo saben, y si la presión alta vale para el fútbol, vale para cualquier actividad. Abunda cada vez más la gente que en economía, política o cultura, su única misión es darle otra vuelta a la tuerca, apretar un poquito más, lo que aparte de numerosos problemas de salud mental y ansiedades, genera fisuras en el reglamento y el orden internacional, que salta en pedazos. Por exceso de presión.