La Fórmula E corre contra la Fórmula 1 en el Jarama

Max Verstappen dijo en los test de pretemporada que la Fórmula 1 se está convirtiendo en una «Fórmula E con esteroides» y no sonó como un elogio, más bien todo lo contrario. Su enfado es compartido por los rectores de la máxima competición mundial de monoplazas eléctricos que aterriza este fin de semana en Madrid. Como expresa Alberto Longo, uno de los cofundadores del campeonato hace ya 12 años: «No entiendo muy bien lo que está haciendo la F1 y lo digo abiertamente». La confusión del directivo, y el enfado del mejor piloto de F1 obedecen a la última vuelta de tuerca en el siempre cambiante reglamento de la Fórmula 1. Ahora buscan no solo ser el paraíso de la velocidad y la potencia, sino también un lugar más sostenible y eficiente, algo que colisiona directamente con la idea de lo que es y tiene que ser la Fórmula E. «Cuando creamos esta competición queríamos ofrecer tipos de carreras diferentes. No tiene sentido cuando al final los dos campeonatos confluyen en eficiencia energética y no en el puro rendimiento, que era lo que valoraban los amantes del motor de la Fórmula 1. No entiendo por qué la F1 está tirando por nuestra forma de hacer carreras», relata el jefe del campeonato. Lo que se encontrarán los aficionados en el Jarama este fin de semana será, o al menos debería ser, algo muy distinto a la Fórmula 1. Un E-prix implica contención, saber exprimir al máximo la unidad de potencia para que no llegue exhausta al final. Cuando Alejandro Agag, el primer cerebro de este campeonato, y sus socios lo plantearon hace 12 años, la electrificación en el automovilismo era algo más teórico que real. Esa apuesta llegó cuando todo eran motores de combustión y gasolina, y pronto se dieron cuenta de que habían acertado: la industria iba a virar para tomar ese camino. Una senda que ahora, según señalan, también quiere acaparar la Fórmula 1. «Si hubiésemos llegado un par de años antes hubiésemos quebrado, y dos años después ya alguien hubiese tenido la idea. La electrificación de la movilidad es un tema que vimos nosotros, pero también muchos fabricantes habían dado ya el cambio», cuenta Longo. El campeonato, como todos los de motor en realidad, tiene una parte puramente deportiva, de espectáculo, pero también una idea empresarial de trasladar las innovaciones a la automoción de calle. «Le estamos enseñando al mundo que hay muchos avances tecnológicos año a año. Ahora los coches son capaces de cargarse en 10, 12 y 13 minutos. Hay que dar ese paso de lo industrial y deportivo al coche de calle», añade. Hay un orgullo evidente en toda esa evolución, cuando la Fórmula E empezaba había que cambiar de coche a mitad de la carrera, pues no había baterías suficientes para completar un gran premio. Ahora sigue habiendo repostajes, pero son por el espectáculo, Madrid será la primera vez que una carrera que no es doble contará el pit boost, un repostaje obligatorio en el que en unos pocos segundos se cargará el 10% de las baterías. Una innovación pensada por la tecnología, por supuesto, pero también para enriquecer la estrategia de la carrera. Longo tiene su opinión sobre el futuro de la Fórmula 1 y este golpe de timón reciente. Considera que no ha llegado para quedarse: «Oír a Max hablar así de su campeonato es algo que la F1 no puede consentir, así que supongo que en algún momento volverán a la combustión y a su forma de hacer carreras». Más allá de la inevitable comparación con la categoría reina, que forma parte del día a día de cualquier espectáculo de motor que se precie, hay satisfacción en la Fórmula E por su presente y por haber llegado, por fin, a correr en España. Ellos son los primeros sorprendidos con su éxito en Madrid. «Nunca habíamos tenido un debut con tanta afluencia de público. Aquí en España ha sido espectacular desde el primer día», explica Alberto Longo, uno de los cofundadores del campeonato. Llegan a la ciudad después de dar vueltas por el mundo, lo cual no deja de ser una paradoja, pues buena parte del esfuerzo intelectual por crear un gran campeonato eléctrico surgió de mentes españolas. El país, a pesar de ese vínculo emocional, había vivido prácticamente al margen de todo esto, pero Madrid viene para enmendar esa distancia. El Jarama llevaba más de 40 años sin coches de primer nivel, cuatro décadas que suponen que buena parte de los que están involucrados en el campeonato no tengan ni recuerdos de todo aquello. Hace un año se hicieron unos test y la idea cuajó, España tendría -por fin- un gran premio eléctrico. No solo eso, la llegada de Pepe Martí a Cupra, la marca más española del evento, añade una capa más de interés. Proveniente de las categorías inferiores de la F1 (F4, F3, F2...), debuta en la modalidad eléctrica, pero ha empezado con fuerza. Longo le elogia sin ambages: «En España necesitas un héroe local y Pepe puede serlo. Llevamos 12 años, hemos visto muchos pilotos arrancar como rookie y creo que es el inicio más esperanzador que hemos visto». Martí trata de quitarse presión, por más que esté en España no es favorito. «Obviamente es mi casa, pero solo es una carrera más, quiero entrar en el coche y olvidarme de todo esto, enfocarme en correr y neutralizar todo lo de alrededor. Quiero maximizar nuestras opciones y competir», explicaba el joven piloto barcelonés, que es novato pero lleva ya 17 puntos en el campeonato, todo un hito para alguien que todavía se está acostumbrando a conducir estos monoplazas. Su éxito tiene algo que ver con lo imprevisible del campeonato. Cinco carreras disputadas y cinco ganadores distintos, una mezcla entre jóvenes pilotos con ambición y algunos veteranos con pasado en Fórmula 1, como Pascal Wehrlain, que elogiaba al español en la conferencia de prensa previa al e-prix de Madrid. A diferencia de la Fórmula 1, el sábado es el día grande en el e-prix. A las 10.40 se celebra la clasificación , muy distinta en formato a lo que se conoce en la máxima categoría, con duelos eliminatorios, y a las 15.05 de celebrará el gran premio . Martí, que no mira el móvil porque está demasiado agitado, tratará llevar a su Cupra, el coche más español de la parrilla y patrocinador también del evento, a lo más alto. Presión no le va a faltar.