«¿Has dormido bien? ¿Cómo te encuentras hoy?», le pregunta Verónica a su compañero Rubén. No están en una cafetería ni es una charla de cortesía. Están trabajando y se encuentran en una sala blanca, completamente desinfectada y aislada, tres niveles bajo tierra. Han llegado hasta allí tras un ritual estricto: han dejado fuera todas sus pertenencias —joyas, reloj e incluso la ropa interior—, han pasado por una ducha y se han vestido con pijamas médicos esterilizados y equipos de protección individual (las famosas EPIs popularizadas durante la pandemia). Así, enfundados en trajes que recuerdan a los de un astronauta, se preparan para entrar. «Certifico que Rubén está en condiciones de entrar en el laboratorio», dice Verónica desde dentro del equipo.... Ver Más