Corría el año 1898. En una sala abarrotada del Madison Square Garden el inventor Nikola Tesla (1856-1943) hacía danzar un pequeño barco sobre las aguas del Hudson como si obedeciera a sus propios pensamientos. La multitud contenía el aliento mientras el genio croata, con su mirada penetrante, pulsaba botones en una sencilla caja de madera que enviaba ondas electromagnéticas al aparato. «¡Teleautomático!», proclamó ante centenares de testigos atónitos. No era brujería, sino un dispositivo de radio-control primitivo que había patentado ese mismo año. Tesla soñaba con torpedos autónomos para guerras navales, pero esa demostración sembró la semilla de un invento mucho más humilde y cotidiano: el mando a distancia. Sería un camino sinuoso, salpicado de hallazgos geniales por puro azar... Ver Más