Nora Ephron sentenció hace tiempo que no le gustaba su cuello. Ni a ella ni a sus amigas que, siempre que quedaban, iban ataviadas con jerséis de cuello vuelto, fulares o camisas tipo mao. La idea era disimular papadas y desparrames. Contaba Ephron que la mentira es piadosa y que no vale pronunciarse o asentir ante expresiones como: «Noto que me he hecho mayor porque mi cuello parece el gaznate de un pavo real». Silencio, callar, cerrar los labios, en boca cerrada no entran moscas: un divino tesoro.